¿Por Qué Duele Tanto una Ruptura de Pareja?

Cuánto tiene el amor de dependencia, si lo pensamos bien. Y cuánto nos resistimos los seres humanos al cambio intentando inútilmente lograr la permanencia de una vida efímera. Por estas dos razones es por lo que duele tanto, y a la vez asusta, una ruptura amorosa

 

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Llegamos a amar tanto a nuestra pareja, o eso creemos, que acabamos perdiendo nuestra propia identidad y, lo que es peor, las riendas de nuestra existencia. Esto sucede porque cometemos el error de delegarlo todo en ella: nuestros sentimientos, nuestras emociones, nuestros afectos, nuestro plan de vida, nuestros miedos e inseguridades, nuestras virtudes y nuestras mezquindades. Al final de todo este proceso no somos nosotros, sino una especie de reflejo en el espejo en el que nuestra pareja se mira todos los días. Si mueve un brazo, lo movemos. Si sonríe, sonreímos. Si se arregla el pelo, nos lo arreglamos con movimientos miméticos.

 

 

No hay nada de malo en entregarse. El amor es entrega. Pero tampoco es bueno darlo todo, porque si la persona a la que se lo dimos todo, sin reservas, se aleja de nosotros… nos quedamos sin nada. Y es entonces cuando nos sentimos tan desamparados, tan vulnerables, tan confusos e incluso aterrados. Podemos dar lo mejor de nosotros mismos pero a la vez debemos seguir siendo nosotros. Muchas parejas cometen el error de asfixiarse en su propio amor negando al otro, o negándose a sí mismas, ese espacio íntimo e inalienable que es exclusivo de cada ser humano. Es entonces cuando el amor se desvirtúa porque se convierte en opresión y pierde su esencia, que es la Libertad. Sí, el Amor es Libre.

 

 

Nunca pierdas tu libertad cuando ames, jamás dejes de ser tú mismo o tú misma. No hagas concesiones en este terreno, no renuncies a tus gustos y tus ilusiones, no encierres en un cajón bajo llave tus proyectos más personales. Porque puede suceder que luego no encuentres la llave para volver a abrir el cajón. Si entiendes que el amor puede ser renuncia pero no abdicación de tu propio ser, evitarás el noventa por ciento de las situaciones que acaban en ruptura. No tengas miedo de ser lo que eres cuando alguien enamore tu corazón y le permitas entrar en tu vida.

 

Si te acepta como eres es porque te ama tal cual eres, y si no puede aceptarlo es sólo porque no tenéis tantas cosas en común como creéis. En ese caso, más vale que se aleje ahora que no dentro de diez años, pues cuanto más holla la tierra la suela del zapato más profunda es la marca que deja y más intenso el dolor que vendrá después.

 

 

Amor y adiccionAsí que ama, y hazlo sin miedo; pero no dejes que tu amor se convierta en dependencia, y mucho menos en adicción. De lo contrario, desengancharte de ese amor te reportará tanto sufrimiento como el del yonqui que intenta desengancharse de la heroína. Sé fuerte y mira siempre al horizonte, que es símbolo del porvenir. Si te obstinas en mirar al pasado puede pasarte lo que a la mujer de Lot, que se convirtió en una estatua de sal (o perdió su humanidad).

 

 

La otra gran razón del sufrimiento innecesario que con la ruptura amorosa arrastra a más de uno a la perdición es la obstinación humana en negar el cambio como motor de la vida. De esto ya he hablado en algún post pero no me cansaré de insistir. ¿Por qué nos asusta tanto el cambio, si bien mirado nuestra existencia es ridículamente breve? El amor es eterno, sí, pero no el amor de pareja, sino el amor entendido en su sentido más amplio.

 

El amor en su esencia es una energía positiva que nunca se destruye, pero una relación de pareja (sin quitarle su inmenso valor) no es más que andar un camino en compañía.

 

Un camino que tiene su principio y su final, el final que incluso en el caso de las parejas más longevas sobreviene inevitablemente con la muerte.

 

La muerte a la que no hay que temer, porque sólo es el más grande de los cambios, una transición hacia otra clase de vida cuyo desconocimiento es el que nos infunde pavor.

 

Cuando un compañero o una compañera aparece en tu vida, por unos meses o por décadas, es porque hay algo que debéis aprender juntos. Dure lo que dure ese encuentro, y acabe como acabe, bendícelo y extrae la enseñanza para aprender de ella y crecer como ser humano.

 

Si te limitas a lamentarte y llorar la pérdida sin sublimar tu dolor para fortalecerte y avanzar un paso, pequeño o de gigante, en tu evolución… todo habrá sido realmente en vano y tendrás que repetir asignatura. Lo que pasó se reproducirá en tu vida hasta que aprendas.

 

Si por el contrario sigues adelante con la lección asimilada e integrada en tu ser, romperás el círculo vicioso y harás realidad tu deseo más íntimo de dar y recibir amor como nunca lo diste y recibiste en el pasado.

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