EL NOMBRE QUE LLEVAMOS INFLUYE EN NUESTRA PERSONALIDAD

Elegir el nombre del bebé no es un asunto fácil. Ambos tenéis vuestros gustos, educación, tradición familiar…

Es importante no olvidar que ese primer regalo que le habéis hecho, el nombre del niño o de la niña, tendrá sus consecuencias en toda su vida.

VEAMOS QUÉ PASA SI OS HABEÍS INCLINADO POR….

1. Un nombre muy frecuente. Pertenece al Top 20 del momento. A los niños pequeños, no les gusta mucho destacar y tu hijo lo llevará muy a gusto. En contra, lo compartirá con otros niños de su clase y es posible que se convierta en “Laura la rubita”, “Alejandro, el compañero de Pedrito” o “María, la de las gafitas”.

2. El nombre de papá o del abuelo. Perpetuar la tradición familiar es una costumbre muy arraigada aunque no tanto como en décadas pasadas. Y es que muchas parejas no quieren renunciar a elegir el nombre de su hijo por satisfacer a sus padres o suegros. Además, llevar el nombre de su propio padre tiene sus inconvenientes. Con mucha frecuencia, el niño Pedrito se convierte con el tiempo en “¿Pedro hijo o padre?”.

3. Un nombre extranjero. No abundan en el Registro Civil y puede ser una opción si vivís en ese país o si lo que deseáis es un nombre diferente. Eso sí, procura no perder de vista vuestro lugar de residencia definitiva y elegir uno que sea de ortografía sencilla para que tu hijo no se pase la vida aclarando “Dylan, con y griega”.

4. Un nombre original. Es la meta de muchas parejas que desean que su hijo sea tan único por su nombre que por el afecto que le tienen. Así, durante meses, buscan un nombre cuanto menos oído, mejor e inscriben a su hijo como Tibet, Akahena, Brisa, Asia o Daira. Nuestro psicólogo recomienda evitar los nombres difíciles de pronunciar o de recordar o excesivamente largos. Como ventaja, subraya que llevar un nombre original puede estimular una sana autoestima. En contrapartida, puede resultar una carga por las explicaciones que tendrá que dar vuestro hijo durante toda su vida.

5. El nombre de alguien fallecido. En opinión del psicólogo consultado, en principio, no hay inconveniente en que un niño lleve el nombre de una persona querida y desaparecida siempre y cuando se recuerde que cada persona es única y que el niño que acaba de nacer tendrá su propia personalidad.

6. Un nombre de moda. Todas las épocas tienen los suyos. De los nombres reales de los años 70-80 –Cristina, Elena, Juan Carlos o Felipe- se pasó en los 90 a elegir nombres anglosajones. Se multiplicaron los Kevin, Jennifer, Samantha o Stella. Hoy, la moda está en elegir nombres poco oídos.

7. Un nombre muy largo o compuesto. Hay tantos Juanmi, Maite, Josema o Carmela a nuestro alrededor como para convencernos que si elegimos un nombre muy largo, alguien de la familia se encargará de llevarlo a un tamaño más llevadero. Completo, sólo aparecerá en su DNI.

8. El nombre de tu héroe. Raúl por el futbolista o Jorge por el cantante. Algunos padres se decantan por poner a su hijo el nombre de su ídolo. El psicólogo consultado no ve inconveniente pero recuerda que transmitir al niño la presión por parecerse a esa persona tan admirada puede ser una carga pesada para su desarrollo.

9. El nombre de nuestro imaginario infantil. El protagonista de todos tus sueños de niña fue Harry Potter. Te hizo soñar tanto que te prometiste llamar así a tu primer hijo. Hasta aqui, todo normal. Pero ¿que pasa si tu ídolo fue Mafalda o más arriesgado aún Mickey o Kitty? Infantilizar a una persona de por vida con un nombre resulta por lo menos arriesgado y en todo caso injusto.

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10. El nombre de un atributo. Nieves, Esperanza, Ángel, Luz… La lista de nombre que transmiten una característica o un valor es larga. Después del terrible atentado de Atocha, el nombre de Paz subió varios peldaños en el ranking de los favoritos. Mientras el mensaje que queremos transmitir no prevalezca sobre otras consideraciones como la actualidad del nombre y su adecuación a los valores de la sociedad, nuestro hijo lo llevará con orgullo.

Por último, una consideración: el bullying o acoso escolar puede empezar por cualquier motivo: la timidez del niño, algún defecto físico, destacar por algo en la clase o simplemente porque sí. No elijamos un nombre que por cualquier motivo, pueda ser motivo de rechazo, burla o agresiones. Las consecuencias del acoso escolar son muy negativas sobre la autoestima, más vale no arriesgarse. Además, los sufrimientos infantiles se prolongan en la vida adulta. No hay nada peor que convivir toda la vida con un nombre del que nos avergonzamos. Pongamos coto a nuestra creatividad.

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