La muerte por exceso de trabajo en Japón es un problema de salud pública

Las defunciones por exceso de horas extra son tan frecuentes en Japón que la legislación doméstica contempla un término para referirse a ellas: “Karoshi”.

El estrés, la presión laboral, la acumulación de tareas y de horas extra son handicaps con los que cualquier trabajador debe lidiar a diario. Sin embargo, en el caso de Japón, nación que lleva años sumida en la búsqueda de nuevas fórmulas para relanzar su economía, estas circunstancias azotan con especial virulencia a los trabajadores.

¿Qué diferencia una muerte por “karoshi” de cualquier otro fallecimiento? A la hora de compensar a los demandantes, la justicia nipona exige que la muerte haya tenido lugar bajo las siguientes circunstancias, que dependen de su causa:

  • Si el empleado ha sufrido una muerte cardiovascular, debe haber trabajado 100 horas extraordinarias o más durante el último mes, o bien un mínimo de 80 durante dos meses consecutivos.
  • En caso de que haya cometido suicidio, la justicia japonesa sólo culpará a la empresa si el trabajador hizo más de 160 horas extraordinarias en el mes anterior al fallecimiento, o 100 horas durante los tres meses previos.

Según datos del Ministerio de Empleo nipón, las empresas ofrecen 1,28 puestos por cada demandante de empleo, una muestra del estado de saturación laboral en la que se encuentra sumido el país del sol naciente.

La gran flexibilidad legal de la que gozan las compañías en materia laboral permite imponer largas jornadas y horarios realmente intempestivos a aquellos que deseen trabajar en algunos de los sectores más atacados por la coyuntura económica: salud, construcción o ayudas sociales.

Morir por trabajar

El hecho es que las empresas están en una situación de demanda laboral inédita desde 1990.

El estancamiento de la población activa y la impotencia con la que el gobierno de Shinzo Abe está tratando de reanimar la economía lleva a que los trabajadores acepten contratos abusivos con la promesa de que recibirán un contrato fijo en el plazo de seis meses.

Es entonces cuando los trabajadores caen en un círculo que gira en torno al contrato no convencional, una forma jurídica extremadamente laxa en la que se piden gran cantidad de horas extra que, en muchas ocasiones, no se remuneran.

Anteriormente, el grupo de población más expuesto al “karoshi” era el varón de mediana edad con puestos de responsabilidad –“white collar workers” en la jerga anglosajona–. Sin embargo, la tendencia hoy es bien distinta.

Las mujeres son, por primera vez, uno de los grupos sociales afectados por esta lacra. Parte del plan “Abenomics” para reanimar la economía está dedicado a la inserción del colectivo en el mercado laboral, lo que ha conseguido aumentar en un millón la cifra de población activa en tres años, pero a la vez ha acentuado aún más el problema.

Así pues, en el segmento de varones de menos de 29 años, el 45% de los suicidios en los últimos cuatro años estaban directamente relacionados con el entorno laboral. Por otro lado, el 39% de los casos de suicidios entre las mujeres japonesas tienen como causa directa el “karoshi”.

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