El hombre que fingió ser gay durante un año

El punto decisivo para llevar a cabo su experimento social fue cuando una amiga cercana le comento que había sido rechazada y echada de la casa por su familia tras revelarles que era lesbiana. Kurek pudo entender la situación al tener como referente a su familia, especialmente sus padres que son cristianos conservadores quienes desde niño le inculcaron rechazar la homosexualidad. “Sentí que Dios me había dado una patada en el estómago. Ella estaba llorando en mis brazos y yo, en vez de apoyarla, estuve pensando en los argumentos para convertirla. Uno aprende a temer a Dios. Se supone que lo correcto en ese caso era decirle a mi amiga gay que era una abominación, y que debía arrepentirse para poder ir al cielo”, comenta Kurek en entrevistas.

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Tras pensarlo por casi medio año, empezó su proyecto en el que buscaba saber lo difícil que es ser gay y tener que revelar el secreto a todo el mundo, exponiéndose a ser abandonado por las personas que se ama. Entonces todo empezó “saliendo del armario” con sus familiares, amigos y demás miembros de la iglesia. Sólo tres personas sabían de su plan su tía (quien debía ayudarlo a supervisar si su madre podía adaptarse a la noticia), su mejor amigo y Shawn, un hombre gay que cabe dentro de la categoría bear, quien le servía de guía en el mundo LGBT y que fingió ser su novio para entre otras cosas, ayudarle a mantener a raya los avances de cualquier hombre que lo pretendiera.

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“Lo que más me conmocionó fue el aislamiento. Antes de ‘convertirme’ en gay, tenía una vida social muy intensa. Después, el 95 por ciento de mis amigos se alejó. La gran mayoría de miembros de mi comunidad me cerró sus puertas ese día y se sentía como si hubiera muerto “, manifiesta Kurek. Una de las partes más duras fue cuando tuvo acceso al diario de su madre y leyó un apartado en el que ella escribía que prefería recibir la noticia de un médico informándole que tenía un cáncer terminal a una de su hijo diciéndole que es gay.

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La experiencia no le fue fácil al principio. “Tengo ganas de vomitar. Necesito un cigarrillo. Me siento como el infierno “, escribió Kurek , en su libro de memorias sobre su año como gay, La Cruz en el armario, respecto a un hecho ocurrido en un club nocturno cuando un hombre musculoso coqueteó con él.

Pero poco a poco, el punto de vista de Kurek cambió. Conoció a los cristianos homosexuales que considera más devotos que él y experimentó la discriminación en carne propia, cuando él y sus compañeros de equipo de softbol fueron llamados maricones. El ataque lo hizo temblar. “Me perdí, vi todo rojo. Me sentí tan ultrajado por esa palabra”.

Hoy en día acepta que ser gay por un año salvó su fe. También lo hizo tener un grupo de amigos mucho más diverso. Incluso su madre pasó de ser una cristiana muy conservadora a una aliada para la comunidad gay, incluso descubrió en ella un lado divertido que no había visto antes, aunque su padre y su hermano siguen siendo muy reacios con el tema. Muchas de las personas gay que fueron engañadas por Kurek se molestaron porque sintieron que fueron ratones de laboratorio pero después de un tiempo todas parecen apreciar su trabajo y han aprobado las historias que trae su libro, muchas de las cuales trae los nombres reales de sus protagonistas. Por su libro ha recibido muchos mensajes de apoyo y agradecimiento.

Kurek aclara que no escribió un libro sobre ser gay sino sobre cómo la etiqueta de gay cambió su vida social y desafió sus creencias. “No estoy calificado para escribir sobre ser gay y nunca lo seré. Yo animo a la gente en busca de respuestas a hablar con las personas LGBT en lugar de mí. Admito que no soy un experto en temas LGBT, mi experimento se trató de mí y de la etiqueta. Nada más”, expresa ante las críticas que aún recibe más de dos años después de haber publicado el libro.

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Después de su experiencia Kurek no volvió a tener contacto con su iglesia. Narra una experiencia triste, “Me encontraba en un restaurante con un amigo. Mi ex pastor y su esposa entraron. Ellos me ignoraron completamente y sólo hablaron con él, a pesar de que yo estaba en la misma mesa. Fue impactante”. Ahora vive en Portland, Oregon, y tiene planes para pasar algún tiempo en Gracepoint, Tennessee, para ser animador en una iglesia evangélica, que recientemente se ha mostrado incluyente con la comunidad gay y ha perdido la mitad de la congregación.

Respecto al papel de la iglesia, Kurek opina: “Los tiempos están cambiando pero los conservadores lamentablemente siguen sin escuchar a la comunidad LGBT. Tengo algo pendiente con esa gente y debo tratar de ayudar a cambiar las cosas desde dentro. Pero a medida que las cosas cambian no creo que la iglesia sea capaz de seguir reclamando relevancia y ser anti-gay a la vez por mucho tiempo más. El evangelio es para todos, y gay y cristiano no son términos mutuamente exclusivos. La burbuja cristiana proporcionada por las iglesias es tan enorme ahora, la gente muy rara vez, o nunca, tienen posibilidad de estar cerca de personas que creen algo diferente a lo que ellos opinan o hacen. Es verdaderamente triste”.

Pueden ver Kurek relatar su experiencia a continuación.