QUE hay DETRÁS del ENFADO constante?

Detrás de todo enfado hay algún grado de frustración. Nos irritamos porque nos sentimos incapaces de controlar alguna situación e incluso a alguna persona, como también lo es que todos de vez en cuando tenemos ratos de mal humor, pequeñas explosiones de carácter que pueden ser muy saludables cuando las origina una causa razonable.

Pero ¿Qué pasa cuando el enfado no cesa? ¿Cuándo permanecemos casi todo el tiempo con el ceño fruncido, los ojos entreabiertos y a la caza de alguna pelea? ¿Será que pertenecemos a ese grupo de “gruñones por naturaleza”, o hay algo más ahí? La respuesta es una sola: detrás de un enfado frecuente hay más que una frustración pasajera; lo que se esconde es una depresión encubierta.

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El enfado crónico. En ocasiones el mal humor no es asunto de un rato, sino que se extiende por periodos de tiempo. Lo  usual no es que tener  incendios repentinos en el carácter, sino la serenidad. El enfado se va convirtiendo en una manera “normal” de ser ante la vida donde todo  molesta, irritación constante,   predominando salirse de quicio con facilidad.

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En este caso el enfado no está dirigido contra una persona o situación en particular. Simplemente se siente todo el tiempo y se experimenta como intolerancia, fastidio, hastío, se expresa por medio de las actitudes clásicas: gritar, permanecer inquieto y tenso, y tener a mano comentarios de auto-descalificación o de crítica para los demás. Físicamente se manifiesta a través del ceño fruncido permanente, problemas digestivos y dificultades para dormir adecuadamente. En ESTE  caso no se esta enojado con el mundo: en realidad, estás enojado contigo mismo. Las razones pueden ser  experiencias no resueltas en tu pasado, arraigadas en el nivel inconsciente.

El fuego y la llama. Se debe analizar  en lo profundo de la mente, en lo más remoto de tu historia, buscando al menos una pregunta del por qué son válidas son las razones que te llevan a mantenerte enojado.

Olvida  los demás, nunca se van a comportar exactamente como  quieres o piensas que deben hacerlo; no  te juzgues severamente, porque eso crea culpas, tormentos innecesarios y una ira incontrolable.

La ira es como un fuego interno que arde, un elemento capaz de dar calor o de arrasar lo que encuentre a su paso,  es también una fuerza interna de la que no has logrado apropiarte. Puede ser el motor de grandes acciones, pero también la brasa donde se consuman los mejores momentos de tu vida. Si hay un asunto que está pendiente contigo mismo, trabájalo y busca ayuda si la  necesitas, pues de continuar así te perderás lo mejor de todo y nunca DISFRUTAS la vida.

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Fuente.cosasdelmundo.net
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