El Eros de Platón o el impulso que madura al Hombre

 

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Conforme a la teoría Platónica, existe un Amor trascendente, o Eros, que no se refiere a “lo amado supremo” (como si de una Divinidad se tratara), sino que es referido a “lo que ama” o “el impulso que ama”. Este Eros no es, por tanto, el Amor mismo encarnado en un Dios -no es el Gran Amado-, sino que es una especie de demon a medio camino entre lo mortal (el Hombre) y lo inmortal (lo Divino). Es el nexo de unión de ambos mundos. La fuerza motriz que empuja al Hombre hacia lo Divino. Siempre ascendente desde el mundo de la forma (lo terrenal) hacia el mundo de la no-forma (lo Divino). Eros es el amor por las cosas bellas; es el amor por la creación de las cosas bellas. Y, para el que sabe mirar, ¿qué hay más “bello” que el Conocimiento? El Conocimiento crea cosas Bellas, el Conocimiento también es Bueno. Así, en un sentido amplio y abstracto, “lo bello”, “el conocimiento o lo verdadero” y “lo que es bueno o conveniente”, son tres aspectos del mismo principio supremo, que es Lo Divino.

Ni los Dioses ni los hombres ignorantes se ven afectados por el Eros. Los primeros, por ya estar impregnados de los atributos divinos; no se desea aquéllo que ya se posee. Los segundos, por no echar en falta estas virtudes; el que no cree estar necesitado no desea lo que no cree necesitar.
Tan sólo los que se hallan en medio de estos dos, los hombre racionales, se ven tocados por el Eros y aspiran, por el amor que éste les insufla, a acariciar lo Divino a través del cultivo de los atributos que le son propios; esto es el cultivo de lo Bello, lo Verdadero y lo Bueno en ellos mismos y, a través de ellos mismos, en todo lo que “crean”.

El Hombre, además, tiene miedo a la muerte y anhela la inmortalidad de lo Divino. El mismo proceso creativo es, también, una forma en que éste -con su cuerpo mortal- trata de acariciar la inmortalidad que es propia de lo Divino y sus atributos (lo Bello, lo Verdadero y lo Bueno). Así, a través de la creación, lo mortal en el Hombre busca lo inmortal en Lo Divino.
A través de la procreación física entre Hombre y Mujer, lo mortal también persigue a lo inmortal. De manera en que lo que ya está envejecido y se marcha deja paso a lo nuevo y semejante.
La búsqueda de la gloria y la fama es otra forma de persecución de la inmortalidad. Tratando, el Hombre, de permanecer siempre vivo en las mentes de las generaciones venideras.
Por estos procedimientos, lo mortal participa de lo inmortal. Pero no es lo “inmortal en sí”, sino una simple “imagen” de ello; del mismo modo que las huellas del buey nos sugieren a éste pero no son el propio buey, sino su rastro.

Tan sólo al final del recto camino en las cosas del Amor (del Eros), el Hombre experimenta la “inmortalidad en sí” (y no su reflejo) por medio de la captación de la Belleza Misma inmaculada que instantáneamente refleja lo Puramente Verdadero y lo Puramente Bueno inmaculados; que son tres en Uno solo -Lo Divino-.
Pero para llegar al final del camino el iniciado habrá de recorrer todo éste. Primero, el joven iniciado habrá de encaminarse hacia el amor sensual que le evoque un cuerpo bello. Ahí se instalará y reconocerá que está enamorado, y el amado será su fuente de inspiración. Más tarde, habrá de reconocer que la belleza que hay en un cuerpo es afín a la que hay en otro, considerando una y la misma belleza en todos los cuerpos.

Así, debe hacerse amante de todos los cuerpos bellos, y no de uno solo. A continuación, debe percatarse de la mayor valía de la belleza del alma en detrimento de la belleza del cuerpo, de manera que si alguien es virtuoso de alma, y no lo es tanto de cuerpo, esto primero habrá de ser suficiente para amarle. Desde esta fase en que se reconoce la belleza del alma antepuesta a la belleza corporal, el aprendiz contempla la belleza que reside en las rectas normas de conducta y en las rectas leyes.

Esta comprensión habrá de conducirle al reconocimiento de una belleza aún mayor, la inherente a la Ciencia y al conocimiento que de ésta se deriva, y a la comprensión de que este conocimiento no puede más que engendrar cosas buenas. Aquí comienza el proceso creativo del individuo ya maduro. Sus ideas, sus discursos, repletos de amor por la sabiduría estarán impregnados de belleza y serán necesariamente buenos. Quien hasta aquí haya sido instruido en las cosas del Amor (del Eros), tras haber contemplado las cosas bellas en su correspondiente orden de gradación ascendente a lo largo del camino, llegando ya al término de su iniciación amorosa (del impulso del Eros), y por medio de una última transformación interna o metanoia, le será entonces revelado aquéllo por lo que mereció la pena todo el recorrido; esto es la contemplación de la “belleza en sí”, que es la “verdad en si” y el “bien en sí”.

Lo Verdadero es siempre Bueno y ambos resplandecen Bellos. Porque el que debidamente adiestrado capta la “belleza en sí” y no su reflejo en las cosas de este mundo, experimenta en su alma la Belleza misma; la cual es más verdadera que cualquiera de sus proyecciones, siendo esta “belleza en sí” la Verdad misma. Y esta alta Verdad es necesariamente la más buena de las cosas, es la Bondad misma.

Así, el Hombre instalado en la captación de la eterna Belleza misma, que es la Verdad y la Bondad mismas no creadas ni perecederas, se sienta al lado de los Dioses y puede sentir la inmortalidad de su Alma radiante y veraz; pues se da cuenta de que esta alma suya o simplemente Ser que es, al igual que todos los Dioses, ha sido creada por Lo Divino y participa de su “esencia”.

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PUBLICADO POR INFINITOCERO

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