PARA UN BUEN DORMIR Y UN BUEN DESPERTAR

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Empezá el día despacio.

Al contrario de lo que solemos hacer, no comiences la mañana acelerado. Los estudios indican que el riesgo de sufrir un infarto es mayor durante las primeras horas del día. Aunque la relación entre el estrés y las enfermedades cardíacas no está del todo clara, iniciar el día con calma no solo protege su salud sino también tu mente.

Estirá los músculos al salir de la cama

Por muy bien que hayas descansado durante la noche, te vas a despertar con los músculos un poco entumecidos. Los expertos dicen que estirarnos por la mañana es un acto instintivo que beneficia mucho la salud. Un estiramiento de cinco minutos del cuello, los brazos, los hombros, la zona lumbar y las pantorrillas mejora la circulación, fortalece las articulaciones y aumenta la flexibilidad. Te vas a sentir estupendo, y los músculos ejercitados le permitirán trajinar bien todo el día. Cuando te sentís ágil y flexible en vez de torpe y tenso, corrés menos riesgo de sufrir lesiones.

 

Y a la noche….

Si justo antes de dormir, en la intimidad de su cuarto, te tomás unos minutos para rezar o meditar y pensar en lo afortunado que sos, tu salud mental y tu sistema inmunitario mejorarán. En su libro ¡Gracias! De cómo la gratitud puede hacerte feliz, Robert A. Emmons señala que las personas que dan gracias a Dios, al universo, a su familia o a su pareja son menos propensas a padecer ansiedad, depresión, jaquecas, dolores musculares y otras manifestaciones del estrés. El último pensamiento que tenés antes de dormir es importante, afirma. Hacé que valga la pena.

No obstante el deseo humano de acurrucarse bajo las sábanas, la tendencia natural del cuerpo es refrescarse durante el sueño. Los piyamas gruesos pueden ser incómodos e incluso despertarnos cuando se nos enredan en las piernas. Según la doctora Lisa Shives, miembro del Consejo Directivo de la Fundación Americana del Sueño de los Estados Unidos, dormir desnudo es un lujo saludable .

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Cuando dormís bien, se reducen sus niveles de cortisol, la hormona del estrés que regula el metabolismo del azúcar, las proteínas, las grasas, los minerales y el agua. Si dormís mal, tu metabolismo se acelera y hace que te sientas hambriento y fatigado, propenso a comer alimentos que engordan. Tanto a corto como a largo plazos, el déficit de sueño nos vuelve mentalmente lentos hasta un grado peligroso. Michael Breus, un psicólogo clínico de Arizona que escribe un blog bajo el seudónimo de “el Doctor Sueño”, nos recomienda no intentar acostumbrarnos a vivir durmiendo pocas horas.

Pasar una noche en vela o una semana de cuatro horas de sueño al día puede hacer que las personas muestren el mismo tiempo de reacción que la gente ebria. Estamos acostumbrados a renunciar al sueño y al descanso pero al hacerlo deterioramos nuestra salud. Breus aconseja a los adultos hacer del sueño un ritual saludable, que apaguen la televisión y la computadora una hora antes de acostarse, si eso es lo que tardan en quedarse dormidos.

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