LOS AFORISMOS DE HIPÓCRATES, PADRE DE LA MEDICINA OCCIDENTAL

LOS AFORISMOS DE HIPÓCRATES, PADRE DE LA MEDICINA OCCIDENTAL

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El griego Hipócrates (460-377 a.C.) es considerado junto al romano Galeno (130-200 d.C) como el padre de la medicina occidental. En una época en que a las plantas se le atribuían arbitrarias cualidades mágicas, Hipócrates sistematizó sus propiedades curativas tras acuciosas observaciones. Fue el primero en recopilar de manera organizada los síntomas de los pacientes para elaborar diagnósticos a partir de ellos, práctica que le permitía predecir el curso de las enfermedades.
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Además, estableció relaciones entre los estados anímicos y ciertas patologías –lo cual le convierte en precursor de la medicina mente-cuerpo– y por si fuera poco, elucidó que el contenido de los sueños podía revelar la verdadera naturaleza de los trastornos orgánicos.

Recientemente, tuve la oportunidad de leer una edición de sus Aforismos, impresa por la Editorial Obelisco (2002). De tal volumen, he extraído algunas máximas que espero resulten útiles al espabilado lector o lectora.

* * * * * *¡ *

La vida es corta; el arte, largo.

En las alteraciones del vientre y en los vómitos espontáneos, si la evacuación es de las materias que conviene expeler resulta provechosa; de lo contrario, resulta nociva.

A grandes males, grandes remedios.

En las enfermedades agudas, el frío de las extremidades es malo.

Las lágrimas voluntarias durante una enfermedad son buen indicio; las involuntarias, malo.

En enfermedad larga, el que entra en diarrea va mal.

En enfermedad larga, el hastío y heces no homogéneas son mala señal.

Después del sudor entrar en frío no es bueno.

Es malo cuando a la hemorragia sigue delirio o convulsión.

Si al esputo de sangre sigue esputo de pus es malo.

Si después de largos dolores en el vientre sigue supuración, malo.

Heces espumosas son señal de sinusitis.

El alimento dado tras la fiebre, vigoriza; durante la enfermedad, empeora.

El miedo y la tristeza, cuando duran mucho, constituyen una afección.

Si al que ha perdido mucha sangre le sobreviene convulsión, mala señal.

El sudar mucho durmiendo y sin causa aparente denota exceso de alimentos.

Los hombres obesos corren mayor riesgo de morir súbitamente (infarto) que los flacos.

Las substancias que dan pronta y acumulativa nutrición se excretan rápidamente.

Cuando el sueño calma al delirio, buena señal.

Si el sueño o el desvelo son excesivos, mal agüero.

Ni la inapetencia ni el hambre ni ninguna otra cosa son buenas cuando exceden los límites de la naturaleza.

Cuanto más alimento dieres a un estómago cargado de impurezas, más agravarás el mal.

Trabajar con hambre no es bueno.

Comer mucho tras una enfermedad y no cobrar fuerzas es mala señal.

Criticar sin mejorar los trabajos de los demás es una grave prueba de ignorancia.

Fuentes:
http://carmelourso.wordpress.com/

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