Puntos a tener en cuenta para ayudar a los enfermos a curarse

Puntos a tener en cuenta para ayudar a los enfermos a curarse

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Hoy en día casi nadie ayuda a los enfermos, sólo se atienden sus necesidades, que la mayor parte de las veces son caprichos que dificultan su curación.
Para que el cuidador sea de verdadera ayuda al enfermo debería hacer casi lo contrario de lo que se suele hacer habitualmente. Como es natural, dicha actitud será criticada por los amigos, familiares, allegados y visitantes.
Concretando. La primera elección que tendrá que hacer el cuidador es si quiere caer bien a todos y que le digan lo buena persona que es, o si realmente quiere ayudar a curarse al enfermo, sin importarle la opinión de los demás.
Veamos los puntos más importantes a tener en cuenta.

1 – No implicarse emocionalmente

El dolor del enfermo suele ser inevitable, pero el sufrimiento del cuidador ante el dolor del enfermo es opcional. Que el cuidador sufra con la misma intensidad que el enfermo puede parecer muy solidario y caritativo, pero es una imbecilidad que no beneficia a nadie y sólo perjudica a los dos, al cuidador y al enfermo.
Casi todos creen que si el cuidador quiere mucho al enfermo, sufrirá tanto o más que él durante su enfermedad, al menos eso es lo que se pude ver en las películas. Lo ideal para que las cosas mejoren en la vida real es aplicar la lógica: el sufrimiento y todas las emociones negativas debilitan el sistema inmunitario, y, precisamente, el cuidador necesita estar a tope de salud y vitalidad para afrontar la desagradable tarea física y mental de atender y ayudar de verdad a esa persona querida que necesita sus consejos y sus cuidados.
Conclusión: cuanto más quiera el cuidador al enfermo, menos tiene que sufrir el cuidador por el dolor del enfermo. De esa forma, se mantendrá en perfectas condiciones de atenderlo, cuidarlo y vigilar a los que se acerquen, para que no empeoren la situación de su enfermedad.

2 – Cuidarse más a uno mismo que al enfermo

Mucha gente que está al cuidado de enfermos no se cuida como debiera por falta de tiempo. Muchas veces lo que pasa es que no tiene ganas de hacer nada más para él, porque está agotado. Eso es un tremendo error.
El cuidador tiene que demostrar que es buen cuidador empezando por cuidarse a sí mismo, pues en la mayoría de los casos, no suele haber más personas que puedan cuidar al enfermo y, si el cuidador enferma, habrá dos enfermos y nadie para cuidarlos.
Si va escaso de tiempo, debe reducir algunas de las cosas poco importantes que hace para el enfermo, para poder dedicar el tiempo suficiente a su propio cuidado. También debe dejar de atender a familiares sanos que tengan más de 14 años, les irá bien aprender a ser autosuficientes y eso le dejará más tiempo libre al cuidador para sí mismo.
No debe descuidar el comer buenas y muy variadas ensaladas todos los días, incluso debe cuidar la presentación de los platos que él mismo come, para que el acto de comer sea placentero y agradable. Lo mismo vale para la fruta y los zumos. Es importante que en la dieta del cuidador haya abundancia de vegetales y frutas crudas, pues necesita energía vital y protección contra las infecciones.
Debe dormir un mínimo de 8 horas cada día, y, si debido a eso el enfermo está menos atendido, siempre que ello no desemboque en cosas graves, hay que asumirlo.
También debería buscar algo de tiempo para andar al aire libre y despejarse mentalmente. Oír algo de música y relajarse cuando tenga un rato es altamente recomendable.
Cuidarse a uno mismo se debe hacer por amor al enfermo, pues, si el cuidador enferma, es muy probable que el enfermo esté peor cuidado.

3 – No esperar agradecimiento

En las cosas que se hacen por amor no se debe esperar nada a cambio. Esta frase la han oído todos, pero pocos la llevan a la práctica.
Las personan enfermas suelen ser más egoístas de lo que son habitualmente. Muy pocos valoran o agradecen lo que se hace por ellos. Ello es debido a la educación que se les ha inculcado. Creen que, por el mero hecho de estar enfermos, tienen todos los derechos y los demás, todas las obligaciones, lo cual es absurdo. Ello viene de la difusión de la idea de que las enfermedades se reparten como si fuera una loteria, por eso hay gente que dice: me ha tocado a mi.
La realidad es que, cuando alguien enferma, es debido a que ha estado muchos años contraviniendo todas las leyes naturales, además de haber hecho caso omiso a los múltiples avisos que su cuerpo le ha ido dando. Si se comprendiera eso, el enfermo sentiría vergüenza de su enfermedad y sería mucho más agradecido con los que le ayudan en vez de ponerse exigente al solicitar dicha ayuda.
Un cuidador inteligente no debe esperar agradecimiento, pues eso le llevaría a la frustación, que es mala para la salud. Pero tampoco debe permitir que el enfermo lo trate con despotismo y con exigencias. Si el enfermo lo hace, debe hacerle ver con amabilidad lo incorrecto de su actitud. Durante el cuidado de un enfermo, el cuidador a veces debe hacer cosas desagradables, pero nunca debe permitir que se menoscabe su dignidad.

4 – Poner límites

El punto anterior nos lleva a la necesidad de poner límites.
Hay que hacer lo que sea mejor para el enfermo, pero sin permitir actitudes serviles ni caprichos injustificados que supongan un esfuerzo innecesario para el cuidador.
La relación siempre debe ser de igual a igual. El que uno ayude y el otro reciba la ayuda no debe derivar en una relación de amo y criado. Cuando el enfermo pida cosas absurdas o que no le convienen, se le hace ver que eso no es adecuado para su estado, y, si no lo entiende, es su problema, no el del cuidador.
Por último, hay algo en lo que nunca el cuidador debe caer: en el chantaje emocional por parte del enfermo.
Cuando el enfermo le diga al cuidador que si no hace lo que le ha pedido es que no lo quiere, el cuidador no debe entrar en el juego. En ese juego nunca ha ganado nadie, pierden todos.

5 – Mantener la atención en lo importante

La peor situación para el cuidador es cuando el enfermo no puede tomar decisiones. Esto puede ocurrir por varias razones: puede sufrir una enfermedad mental; puede ser menor de edad o puede estar inconsciente.
Tener que tomar decisiones sobre la vida de otra persona es una de las cosas más desagradables que pueden ocurrir, sobre todo, para los que todavia tienen activada la conciencia. Para la gran mayoria, el escenario de tomar esas decisiones es tan aterrador que deciden delegar esa terrible responsabilidad en manos de los “profesionales”. Es la forma más cómoda de escurrir el bulto, pero no suele ser la mejor decisión para el bienestar del enfermo.
El mayor problema de los “profesionales” es que no suelen evaluar correctamente la relación riesgo/beneficio en el diagnóstico y en los tratamientos. De ahí el famoso dicho: “el remedio es peor que la enfermedad”. Los “profesionales” suelen matar moscas a cañonazos muchas más veces de las que sería aconsejable. Esos tratamientos peligrosos o agresivos sólo se deberían aplicar en casos con riesgo muy alto de muerte del paciente.
He visto hacer biopsias por curiosidad. Recetar antibióticos como prevención (es difícil encontrar una salvajada mayor). Aplicar tratamientos en cascada esperando que suene la flauta por casualidad, etc. Como he dicho antes, la medicina de tierra quemada puede ser aconsejable en los pocos casos en que peligra la vida de forma inminente y no se vislumbra la causa del problema, pero aplicar los mismos métodos que la Inquisición en problemas menores o para descartar posibilidades es un acto terrorista contra la humanidad.
La mejor manera en la que el cuidador puede ayudar al enfermo que no puede tomar decisiones sobre su propia vida es manteniendo la cabeza fría y los pies calientes (la cabeza y los pies del cuidador, no del enfermo). No debe perder de vista cuál es el verdadero problema que hay que curar y no desviar la atención en síntomas de cosas menores que, en último caso, no son importantes y deben ser postergados al momento en el que el problema grave esté controlado. Si se quieren tratar o mejorar cosas poco importantes, se puede distraer al cuerpo en el foco de atención principal, aparte de que el tratamiento de cosas accesorias pueden interferir en lo que de verdad es importante.
También hay que estar muy pendiente de qué síntomas son reales y cuáles son inventados por el enfermo para conseguir sus caprichos. Sobre todo en enfermos mentales y en niños. Nunca hay que olvidar que tratar cosas imaginarias siempre es perjudicial para el enfermo. En los hipocondríacos, este asunto puede llegar a ser agotador, pero si realmente se desea lo mejor para ellos, hay que mantenerse firme y aplicar la lógica.
Hay que tener en cuenta que puede darse la paradoja de que, precisamente por hacer lo mejor para el enfermo, seas acusado por las “autoridades sanitarias” de no dar la debida atención al enfermo. Son cosas que pasan en una sociedad que no es capaz de distinguir entre lo moral y lo “legal”, teniendo en cuenta que la “legalidad vigente” es impuesta por los más corruptos la mayoría de las veces.
Seguro que se han quedado en el tintero cosas importantes. Si alguien plantea algún tema nuevo, lo podremos explorar en los comentarios.

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Fuentes:
esdesalud.wordpress.com

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