¿Cuándo hacer una cura Detox?

¿Cuándo hacer una cura Detox?

La cura detox es útil en los siguientes casos:

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– Después de excesos alimenticios repetidos, por ejemplo tras las vacaciones de verano o las fiestas navideñas.
– Si fumas.
– Después de una enfermedad, de un tratamiento médico, de una intervención quirúrgica o de una conmoción psicológica; todas estas circunstancias provocan estrés y aumentan los radicales libres;
– A lo largo de un régimen adelgazante estricto (aunque lo preferible para la salud siempre es adelgazar poco a poco), el vaciado de tejido adiposo conlleva la liberación de compuestos tóxicos en la sangre, y estos se quedan almacenados en las grasas.

La cura detox consiste en:

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– Beber mucha agua, entre 1,5 y 2 litros al día, y varias bebidas diuréticas al día;
– Mimar el hígado consumiendo ciertas verduras y plantas (al mismo tiempo es imprescindible evitar el alcohol y los alimentos grasos);
– Reequilibrar la flora intestinal con probióticos;
– Aumentar el aporte de antioxidantes para neutralizar los radicales libres;
– Puede durar entre dos y cuatro semanas y debe llevarse a cabo unas dos o tres veces al año.

Pregunta en tu tienda especializada por Contrex, Courmayeur, Hépar… Con más de 1500 mg de minerales por litro, estimulan el trabajo de eliminación de los riñones. Las más ricas en magnesio (más de 40 mg por litro) ayudan a disminuir el estrés, uno de los grandes portadores de radicales libres. No es aconsejable beber más de 1,5 o 2 al día y, después de dos semanas de cura altérnala con agua de mineralización débil (Evian, Mont Roucous, Volvic…).

1) El té verde

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Es un drenante excelente que elimina el excedente de sodio y residuos nitrogenados, ligados con el abuso de alimentos ricos en sal y proteínas (salmón ahumado, foie gras…). Contiene gran cantidad de catequina, una sustancia con virtudes antioxidantes. Ligeramente amargo y astringente, el té verde puede ir acompañado de limón o especias. No se aconseja beber más de tres tazas al día, puesto que contiene teína.

2) El caldo de verduras

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El caldo de verduras, rico en minerales como el potasio, calcio y magnesio, tiene propiedades alcalinizantes, lo que permite neutralizar el exceso de acidez en el organismo, en especial en el tejido óseo. Con un poco de sal también puede ser diurético. Lo ideal sería prepararlo con verduras ecológicas, que no contengan residuos de pesticidas.

3) Las infusiones de plantas diuréticas

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Fresno, hibisco, ortosifón, pilosela, cola de caballo, rabitos de cereza, altarcina… Todas ellas facilitan la eliminación renal. Tres tazas al día bastan. Limita la cura a un máximo de 10 días, puesto que después de tanto tiempo sin estímulos, los riñones pueden volverse perezosos (por la secreción de la hormona antidiurética). No utilices estas plantas en caso de enfermedad renal (cálculos renales, insuficiencia renal…).

4) El zumo de abedul

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El zumo de abedul es diurético y, además, es rico en flavonoides antioxidantes. Tres cucharadas soperas al día son suficientes. Dilúyelas en agua (por ejemplo en una botella de 1,5 litros). No sobrepases los 10 días de cura.

5) La alcachofa

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Gracias a uno de sus polifenoles, la cinarina, la alcachofa es una de las mejores verduras para ayudar al hígado a recuperarse cuando sus capacidad de desintoxicación se ve alterada (sobre todo por un abuso del alcohol o grasas). También contiene inulina, una fibra prebiótica cuyo consumo regular contribuye al desarrollo de bacterias (por ejemplo, las bífidobacterias), tan beneficiosas para el equilibrio de la flora intestinal.

6) El rábano negro

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Contiene glucosinolatos que facilitan la desintoxicación del hígado. Ayuda a digerir las comidas más pesadas estimulando la producción de bilis del hígado y su evacuación hacia el intestino por la vesícula. A tener en cuenta: puede consumirse en zumo si se diluye en agua: 10 ml (el contenido de una ampolla) en medio vaso de agua.

7) La infusión de salvia

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Estimula la desintoxicación del hígado gracias a sus compuestos fenólicos, al ácido rosmarínico y luteolina. Basta con beber dos o tres tazas al día en curas de 10 días. Puedes alternar la infusión de salvia con cardo mariano o tila.

8) El brócoli

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Y todas las demás coles: coliflor, col blanca, col roja, col verde… Estas verduras contienen grandes cantidades de vitaminas C y E, además de carotenoides y potentes antioxidantes para neutralizar un exceso de radicales libres en caso de estrés oxidativo. Al igual que otros crucíferos (berro, nabo, rábano), el brócoli debe ese sabor tan fuerte a los compuestos de azufrados (glucosinolatos), que mejoran el funcionamiento del hígado. Para sacar mayor provecho a sus nutrientes, consúmelo crudo o hervido al vapor (en lugar de en caldo o puré).

9) El romero

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Gracias al ácido rosmarínico, tiene un papel protector del hígado. También posee virtudes anti-inflamatorias. Puedes sazonar muchos platos con romero (sopas, pescados), o consumirlo en infusión.

10) Leches fermentadas con bífidus

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La mayoría de bífidus podrían catalogarse como probióticos: estos fermentos llegan vivos al colon, en proporción suficiente para equilibrar la flora intestinal. Además, también ayudan a mejorar las defensas. Después de un exceso, también pueden ayudar a regular el tránsito intestinal. A tener en cuenta: el efecto probiótico no perdura si dejamos de consumir leche fermentada.

11) El cardamomo

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Estimula la digestión después de comidas pesadas o desequilibradas, limitando el tiempo de contacto entre eventuales sustancias tóxicas y la mucosa intestinal. Puedes sazonar tus compotas y ensaladas de frutas con cardamomo.

11) El plátano

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Es rico en fructanos, fibras específicas que también tienen un efecto prebiótico. Su consumo regular favorece la presencia de ciertos mico-organismos en el colon, susceptibles a mejorar las defensas intestinales.

12) El ajo

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El ajo ayuda a drenar el organismo gracias a sus fructosanos. Consumir un diente de ajo al día optimiza el funcionamiento del ecosistema intestinal (gracias a sus fibras con virtudes prebióticas).

13) El espárrago

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Rico en potasio, pobre en sodio y dotado de esparragina, el espárrago es especialmente diurético. Cuenta también con fibras prebióticas (para reforzar las defensas del intestino). Sin embargo, modera el consumo si tiendes a sufrir cálculos renales.

14) El puerro

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Contiene fructosanos, glúcidos raros que le confieren un efecto diurético. También cuenta con fibras prebióticas. Es aconsejable no cortar la parte más verde, puesto que es la parte más rica en carotenoides y vitamina C, grandes antioxidiantes.

15) El diente de león

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Presenta una cantidad importante de betacaroteno antioxidante (una porción de 50 gr. representa el aporte aconsejado para un adulto). Rico en potasio, calcio y magnesio, pero pobre en sodio, estimula el trabajo de eliminación renal y neutraliza el exceso de acidez en el organismo. Sus fibras tienen virtudes prebióticas. Por último, estimula la producción de bilis del hígado.

16) La frambuesa

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Presenta un aporte récord en fibras, un 6,7% (4 veces más que otras frutas), lo que activa el tránsito intestinal y limita el tiempo de contacto entre eventuales tóxicos y la mucosa digestiva. Rica en potasio, calcio y magnesio, contribuye a alcalinizar el organismo. Si se asocia con antocianas, vitaminas C y E, constituye un buen antioxidante. Puedes alternar la frambuesa con la fresa.

17) El zumo de granada

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Proporciona una verdadera inyección de elagitaninos y antocianas, con virtudes antioxidantes. Puedes beber un vaso al día durante una enfermedad o tratamiento médico. Es aconsejable alternar el zumo de granada con un zumo de manaca (la manaca es una baya pequeña muy rica en vitamina C).

18) El limón

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Ayuda a eliminar las toxinas gracias a sus flavonoides. Como otros cítricos (mandarina, naranja, pomelo) es una buena fuente de vitamina C antioxidante, bien protegida por su piel gruesa. Practica porque puedes utilizar el limón en todas tus recetas.

19) El kiwi

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Acumula una cantidad importante de vitaminas C y E, que en sinergia ayudan al organismo a neutralizar los radicales libres. Consume esta fruta preferentemente en el desayuno o en la comida.

20) El mango

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Es rico en vitaminas C y E, y también en beta-caroteno, tres vitaminas antioxidantes que favorecen a neutralizar los radicales libres del organismo. Intenta utilizar el mango en tus batidos caseros y macedonias.

21) La almendra

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Constituye una fuente excelente de vitamina E antioxidante (un puñado de 30 g. de almendras proporciona un tercio del aporte diario aconsejado para un adulto). Además, contiene más del 12 % de fibras que, según estudios recientes1, tienen virtudes prebióticas: su consumo regular ayuda al equilibrio de la flora cólica y también refuerza las defensas localizadas en el intestino.

22) El aceite de oliva virgen extra

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Sin refinar, el aceite conserva la vitamina E y sus polifenoles, con propiedades antioxidantes. Para preservar sus cualidades, consúmelo en crudo: echa un chorrito de aceite virgen extra sobre un filete, o las ensaladas, o sobre las verduras cocidas al vapor.

23) El jengibre

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Está entre las especias con mayor potencial antioxidante gracias a sus gingeroles. También estimula la digestión. Puedes alternarlo con la cúrcuma, cuyo principio activo, la curcumina, presenta las mismas cualidades y ayuda también al hígado en su actividad de desintoxicación.

24) La albahaca

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Estimula la digestión. Como todas las hierbas aromáticas, rebosa vitamina C y beta-caroteno, sustancias antioxidantes. Espolvorea tus caldos, ensaladas y platos de pasta con albahaca. Puedes variar y sustituirlo por perejil, perifollo, eneldo y cebolleta.

25) Las semillas de linaza

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Presentan un aporte excepcional de omega 3 (10 gr. aportan el total del consumo diario recomendado a un adulto), y sus ácidos grasos tienen un efecto anti-inflamatorio, que se agradece después de los excesos alimenticios. También es aconsejable utilizar nueces.

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