¿Por qué la tristeza dura tanto y la alegría tan poco?

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Con frecuencia nos encontramos sumergidos en emociones que no nos gustan, que no queremos sentir, y de las que nos cuesta salir. Y al mismo tiempo, sentimos otras que nos gustaría mantener durante más tiempo, y sin embargo, se nos van casi tan rápido como han venido.

Estos hechos, entre otros, hacen que nos cuestionemos la gestión de nuestras propias emociones y queramos trabajar en ello. Pero, ¿qué significa gestionar nuestras emociones?

Es bastante común pensar que “gestionar” nuestras emociones es la forma desarrollada, o avanzada, de “controlarlas”. La palabra gestionar implica en cierta forma el hecho de aceptar tus emociones, sin embargo, a pesar de utilizar una nueva palabra, el propósito es el mismo: deshacernos de aquellas emociones que nos dan miedo, o que nos provocan infelicidad, y generar aquellas que sí nos gustan, y que nos acercan a la felicidad.

Y así, al intentar gestionar nuestras emociones acabamos provocando el estancamiento de algunas de ellas, alargándolas en el tiempo innecesariamente.

Lo “normal” es no estar en la misma emoción durante mucho tiempo. Fijaos en los niños pequeños, ellos son el mejor ejemplo de la flexibilidad emocional con la que todos nacemos. Entran y salen de emociones, a veces completamente opuestas, de forma instantánea. O fíjate en las diferentes emociones que has sentido desde que te has levantado hasta que has leído este email.

Si nuestra naturaleza es fluir con las emociones, entonces, ¿por qué hay emociones que se nos atascan y duran mucho más que otras?

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Veamos algunas de las situaciones en las que nos atascamos en una emoción.

Situación 1: Cuando intentamos racionalizarla o entenderla

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Hay mucha gente que gestiona, o intenta gestionar sus emociones desde el intelecto. Es decir, buscando razones y porqués, para así poder evitar que la emoción que nos incomoda vuelva en un futuro. Y como a la mente el juego de buscar razones le encanta, nos quedamos atascados en la emoción mientras damos vueltas y vueltas a la cabeza.

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Situación 2: Cuando tenemos miedo a sentirla

Creemos que si nos dejamos sentir la emoción esta se va adueñar de nosotros y por lo tanto perderemos el control sobre ella, o nos será más difícil gestionarla. Esto se da muy comúnmente con la tristeza, y sobre todo en personas que han pasado por algún periodo de depresión. Ellas creen que si se dejan sentir la tristeza ésta las llevará de nuevo a una depresión y de ahí que eviten sentir la emoción, prolongándola innecesariamente.

Situación 3: Cuando no nos damos permiso o nos resistimos a sentirla

Normalmente por creencias del tipo “si lloro es que soy débil”, “si me cabreo se romperá la relación”, “es de mala educación reírse a carcajadas”, o “ahora no me puedo derrumbar, tengo que ser fuerte” . En estos casos nos resistimos a sentir la emoción, la reprimimos, e inconscientemente la estamos alimentando con nuestra atención y pensamiento.

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Y es que, todo aquello que resistes, persiste!

Situación 4: Cuando la realimentamos con aquello que la provoca

Por ejemplo, cuando imaginamos un futuro “negro”, sin trabajo, sin pareja, etc, comenzamos a sentir nerviosismo, ansiedad, y si continuamos con ese tipo de pensamientos, puede que incluso lleguemos a sentir pánico. En este caso son los pensamientos los que hacen que la emoción se mantenga, e incluso que crezca.

Situación 5: Cuando queremos cambiarla

Bien porque la hallamos etiquetado de “mala, o desagradable”, porque la tengamos miedo, o porque no sea el momento más adecuado, siempre que queremos cambiar una emoción, o nos oponemos a ella, lo que hacemos es darle más fuerza y cortar el flujo natural de la emoción.

A continuación presentamos algunas prácticas que podemos realizar para evitar atascarnos en una emoción, y para mantenernos flexibles emocionalmente:

– Responsabilizarse de las emociones que sentimos

Si bien es cierto que hay situaciones o personas que despiertan ciertas emociones dentro de nosotros, la emoción que sentimos es nuestra!! El estímulo es una cosa y la emoción otra. Ésta depende de nuestro estado de ánimo, nuestros valores, nuestro carácter, y de ahí que nosotros seamos los responsables de ella.

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Cuando culpas a alguien de tu emoción estás abandonando tu oportunidad de gestionarla.

– Aceptar la emoción

Una vez que nos responsabilizamos de nuestras emociones el primer paso para fluir con la emoción es aceptarla. Queramos o no, está ahí. Es como si no te gustaran tus piernas y decidieras ignorarlas. Ignorar lo que hay, lo que ES, no nos lleva a ningún sitio. Para ello: evita clasificar las emociones, acéptalas a todas como parte de quien eres, y date permiso para sentirlas todas.

– Sentir y dejar fluir las emociones

Una vez aceptada la emoción ya podemos sentirla y dejarla fluir. La emoción es algo físico, y normalmente va acompañado de un cambio químico en nuestro cuerpo. Al dejar fluir la emoción, estamos permitiendo que nuestro cuerpo haga lo que tenga que hacer para volver al estado “normal” o anterior.

A la hora de sentir, o de dejar fluir una emoción, ayuda mucho llevar nuestra atención a nuestro cuerpo. Para ello, cierra los ojos y lleva la atención a la parte del cuerpo donde sientes la emoción con más intensidad, y en la medida de lo posible, mantén la atención en ese lugar. Comprueba el color de la emoción, la textura, la temperatura y siente cómo va cambiando.

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– Escuchar qué quieren decirnos las emociones

Cada emoción nos trae una información muy valiosa, ya que nos indica si alguna de nuestras necesidades está cubierta (cuando nos sentimos contentos, tranquilos, relajados, eufóricos), o cuando, por el contrario, no lo está (cuando nos sentimos frustrados, enfadados, tristes). Por ello, es importante pararnos a observar que necesidad es la que está o no cubierta, y así ir conociéndonos más a nosotros mismos y a lo que provoca nuestras emociones.

– Practicar, ejercitar la flexibilidad.

Como la flexibilidad de cualquier otro músculo requiere práctica y constancia.

Observa la emoción, acéptala como algo útil y déjala fluir.

Conclusión:

– Los seres humanos VIVOS sentimos!! Y todos los sentimientos nos traen información. Todos son necesarios, ya que nos hablan de lo que nos está ocurriendo.

– Las emociones vienen y van, no son permanentes.

– La mejor gestión de las emociones es aprender a fluir con ellas, entrando y saliendo, una y otra vez, manteniendo así la flexibilidad emocional.

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Fuentes:
http://www.elfactorhumanoburgos.com/

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