El Carbón Activado – Antigua Maravilla en la Modernidad

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Una maravilla antigua por su existencia, pero actual por sus aplicaciones y utilidad, es el carbón activado. Dominar su uso correcto permitirá aliviar un sinnúmero de afecciones y padecimientos, desde infecciones, pasando por dolores e inflamaciones, hasta intoxicaciones.

A partir de esta publicación les haremos llegar a nuestros lectores algunos consejos y maneras de usar este maravilloso remedio que no envejece, mucho más seguro y oportuno que gran cantidad de medicamentos que tanto pululan en las páginas de los escándalos.

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Usos del carbón activado

El carbón se Indica para reducir la inflamación – en mordidas y picaduras de insectos, en mastitis, celulitis, flebitis, faringitis, hepatitis, gastritis, colitis, úlceras pépticas. Para adsorber venenos. En infecciones, tanto al interior como al exterior – algunos tipos de problemas en la piel, infecciones oculares, eczemas, infecciones con estafilococos, rozaduras o heridas infectadas, herpes simple. Para adsorber sustancias químicas o tóxicas – envenenamientos o sobredosis accidentales o no, mal aliento. Para aliviar problemas gastrointestinales (empleado tanto interna como externamente) – diarrea, flatulencias.

La manera más común de emplear el carbón activado es en forma de cataplasma.

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Preparación:

Para preparar la cataplasma, se necesita:

carbón activado (polvo, una cucharada o más), agua tibia (una taza)
un contenedor profundo y una cuchara,
tres cucharadas de semillas de lino (linaza) o dos cucharadas de almidón de maíz (maicena, aunque puede emplearse cualquier almidón, si no se dispone del mismo, entonces puede emplear masa de pan),
una pieza de muselina limpia o una toalla de papel,
una gasa o banda elástica,
una pieza de nylon o plástico flexible,
imperdibles o esparadrapo (cinta adhesiva médica).
Hierva el agua con las semillas de lino o linaza (o el almidón, o en su defecto con las masitas de pan) por dos o tres minutos.
Retírela del fuego y añada el carbón, mezclando bien con una cuchara.
Aplique luego la pasta de carbón a la muselina o toalla de papel, rápidamente para evitar que se enfríe.
Extiéndala al tamaño deseado y pliegue (doble) la toalla o muselina.
Coloque entonces la cataplasma en el área a ser tratada con la parte más delgada de tela hacia la piel.
Cubra la parte afectada y cataplasma con la pieza de nylon u otro plástico flexible.
Una vez aplicada la cataplasma, envuélvala con un vendaje, y asegure firmemente el mismo en su lugar.
Deje la cataplasma aplicada toda la noche.
Retire en la mañana la cataplasma, teniendo cuidado de no derramar carbón.

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www.econsumo.es

Fuentes:
natura-salutis

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