Especial edulcorantes ¿Ayudan a adelgazar o engordan?

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Tras hablar sobre la seguridad del aspartamo y del resto de edulcorantes, termino esta serie analizando su utilidad para el tratamiento de la obesidad y el sobrepeso. Para hacerlo, seguiré las pistas de las más recientes revisiones científicas publicadas que han profundizado en los últimos estudios sobre el tema , ya que son unas cuantas. Muchas de ellas son de acceso libre, por lo que si lo desea podrá consultarlas en su totalidad.

Estas son las que voy a utilizar como soporte fundamental y que les recomiendo leer
si desean profundizar en el tema:
The Use of Low-Calorie Sweeteners by Adults: Impact on Weight Management (2012)
Sweetness, Satiation, and Satiety (2012)
A systematic review on the effect of sweeteners on glycemic response and clinically relevant outcomes (2011)
High-Intensity Sweeteners and Energy Balance (2011)
Nonnutritive sweeteners, energy balance and glucose homeostasis (2011)
Artificial sweetener use among children: epidemiology, recommendations, metabolic outcomes, and future directions (2011)
Artificial Sweeteners: A systematic review of metabolic effects in youth (2010)
Nonnutritive sweetener consumption in humans: effects on appetite and food intake and their putative mechanisms (2009)
Intense sweeteners, energy intake and the control of body weight (2007)
Usefulness of artificial sweeteners for body weight control (2003)

Aunque hay algunas diferencias en matices y detalles, yo resumiría sus conclusiones con las siguientes ideas:

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Corto-medio plazo: Los estudios de intervención aleatorios a corto-medio plazo obtienen resultados diversos y bastante heterogéneos. Analizando la globalidad, podría decirse que son mayoría los que encuentran utilidad al uso de edulcorantes, concluyendo que al utilizarlos como sustitutos del azúcar, se consigue una reducción de la energía ingerida y, con frecuencia, pérdidas significativas (pero modestas) de peso. En niños, este resultado es menos claro y los resultados son menos concluyentes, ya que parece que su metabolismo tiende a compensar esta carencia de calorías provocando mayores ingestas de otros alimentos. A medio plazo, estas pequeñas reducciones de peso se minimizan e incluso desaparecen

Largo plazo: Los estudios epidemiológicos observacionales a largo plazo también obtienen resultados heterogéneos. Hay de todo y son mayoría los que no encuentran relación entre ambos factores y los que asocian un mayor consumo de edulcorantes con un mayor peso. De cualquier forma, como suele ocurrir con este tipo de estudios en los que no hay intervención, no se puede deducir con seguridad la causalidad, ya que en este caso la gente con más sobrepeso suele tomar más refrescos “light” sin que por ello tenga que ser este comportamiento el responsable final de su obesidad.

Relación con el apetito y otros factores: La mayoría de los estudios no encuentran relación entre los edulcorantes y el apetito, aunque en la globalidad también se obtienen resultados irregulares y variados. Hay unos pocos que parecen identificar cierta asociación con un aumento del mismo, pero también otros llegan a la conclusión contraria. Por otro lado, parece que los edulcorantes no generan una respuesta de insulina significativa ni tampoco de otras hormonas relevantes, excepto casos muy puntuales y de pequeña magnitud.

¿Y qué hay de los estudios que demuestran que engordan?

Hay titulares, como por ejemplo este, que se han publicado en alguna ocasión, asegurando que los edulcorantes no calóricos engordan. En general hay dos fuentes de las que beben este tipo de noticias: La primera son los ya comentados estudios observacionales, en los que sería poco riguroso hablar de causalidad demostrada (porque, como ya hemos dicho infinidad de veces, un estudio observacional solo identifica correlación, no necesariamente causa-efecto). Y en segundo lugar existen una serie de estudios realizados sobre ratas que han obtenido ese tipo de resultados y que han logrado una gran repercusión. Pues bien, es importante saber que la mayoría de estos últimos (casi todos) provienen de un único origen, los han dirigido los expertos en neurociencias de la Universidad de Purdue Susan Swithers y Terry Davidson, como puede comprobar en este enlace que recopila sus trabajos publicados. En mi opinión son interesantes y merece la pena profundizar en ellos, pero ¿cree que es serio hacer afirmaciones concluyentes basándose en este tipo de estudios con ratas, realizados por un solo equipo investigador, sabiendo que hay otros que no llegan a los mismos resultados?

Reflexiones y conclusiones

Bien, vayamos al grano. Entonces, el aspartamo, la sacarina, la sucralosa, la stevia o el ciclamato, es decir, los llamados edulcorantes no nutritivos o no calóricos ¿sirven para adelgazar o no?

Durante años las recomendaciones del uso de edulcorantes para ayudar a combatir el sobrepeso se han basado sobre todo en dos factores: Su seguridad (sí, son seguros) y su aportación calórica (no, no aportan calorías). Así que la conclusión era evidente: Sustituyamos el azúcar y otros edulcorantes por edulcorantes no calóricos y eso que ganamos; o mejor dicho, que perdemos. Pero, visto lo visto, lo cierto es que la evidencia científica que pruebe que son útiles a largo plazo para perder peso o para ayudar a mantenerlo es escasa. Algo bastante desconcertante, considerando la enorme cantidad de productos de este tipo que se venden y el volumen de negocio que mueven. En cantidades pequeñas no se encuentran efectos negativos ni una clara relación con el sobrepeso, por lo que parece que son útiles para sustituir al azúcar de vez en cuando. Sin embargo, cuando se consumen con mucha frecuencia y en cantidad, el tema se complica y no hay respuestas claras.

Parece que, una vez más, el tema no es tan sencillo. En primer lugar, la obesidad depende de muchos más alimentos y más factores que el azúcar. Y, en segundo lugar, quizás los edulcorantes provoquen algún efecto añadido en nuestro organismo que les impide a largo plazo ser efectivos. Esta segunda posibilidad no está demostrada por el momento, pero existen diferentes hipótesis con interesantes propuestas sobre el tema.

Algunos expertos sugieren que al ingerir algo dulce pero sin calorías durante largo tiempo y en cantidades elevadas, el complejo sistema de regulación de energía de nuestro cuerpo se acaba desajustando y se vuelve ineficaz. Hay investigadores que piensan que se podría alterar la capacidad de percepción del sabor dulce, una de las herramientas para controlar la saciedad y la ingesta de la energía, como se expone en Altered processing of sweet taste in the brain of diet soda drinkers (2011).

En esa misma línea, otros piensan que al comer continuamente alimentos muy dulces, aporten o no calorías, se activan frecuentemente zonas cerebrales relacionadas con el placer y la recompensa, llegando a provocar una adicción a sabores y sensaciones muy intensas (como se encontró en el estudio de 2013 Intense Sweetness Surpasses Cocaine Reward) , que nos empujan a buscarlas en todo lo que comemos (por ejemplo, mediante una dieta tipo fast food), cayendo en una espiral de la que es muy difícil salir. Estos enfoques son especialmente defendidos por los anteriormente mencionados Swithers y Davidson, como explican en su revisión High-Intensity Sweeteners and Energy Balance (2011) y en su reciente estudio de 2013 Adverse Effects of High-Intensity Sweeteners on Energy Intake and Weight Control in Male and Obesity-Prone Female Rats .

Otra hipótesis plantea la posibilidad de que algunos de los componentes de algunos edulcorantes alteren la flora intestinal a largo plazo, con resultados poco recomendables. Por ejemplo, en el estudio de 2008 Splenda alters gut microflora and increases intestinal p-glycoprotein and cytochrome p-450 in male rats se obtenían indicios en este sentido.

Pero insisto en que por el momento todas ellas no son más que propuestas y que ninguna tiene todavía soporte científico suficiente para ser considerada como definitiva, ni mucho menos. Habrá que estar atentos a futuras investigaciones y estudios.

Si desea ser prudente, puede reducir o cortar de raiz las fuentes que los aportan en grandes cantidades, sobre todo los refrescos “light”. Pero sin sustituirlos por sus versiones azucaradas, ya que sería salir del fuego para caer en las brasas…lo mejor sin duda AGUA!!!

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Fuentes:
http://loquedicelacienciaparadelgazar.blogspot.com.es/

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