Buscar la suerte por medio de el Feng Shui

Hoy camaradas, os voy a habkar de el Feng Shui (literalmente, “viento y agua”), un sistema ancestral de estética chino que pretende utilizar las reglas del Cielo (astronomía/astrología) y de la Tierra (geografía/geomancia) para ayudar a mejorar la vida recibiendo qi (energía) positivo.

Desarrollada originalmente en China, el Feng Shui formaba parte de un cuerpo de conocimientos que aunaba filosofía y ciencia natural, y que estudiaba e interpretaba los cambios que suceden en la naturaleza, el clima y los astros. Esta práctica milenaria se basa en vivir en armonía con el entorno natural, para potenciar la energía positiva. Utiliza y explota la energía natural (qi) que emana de la tierra. El feng shui reconoce y distingue las variaciones en esta energía, y teóricamente, es capaz de transformar condiciones difíciles en otras que sean más favorables.

El objetivo principal del feng shui consiste en identificar la energía que se concentra dentro de un edificio, y armonizarla con el paisaje circundante, y con la energía de las personas que viven en su interior. Las técnicas del feng shui, que permiten mejorar cualquier situación, pueden aplicarse en hogares, oficinas, jardines y patios, con el fin de fomentar las oportunidades y la buena fortuna.

En la China imperial, el feng shui era asunto de estado, y sólo las construcciones imperiales y algunos nobles tenían acceso a esta aplicación. Incluso se aplicaba a la ubicación y orientación de tumbas de muertos ilustres, ya que se creía que el feng shui de las mismas influía sobre la fortuna de la descendencia del difunto.

Los verdaderos orígenes del feng shui están rodeados de misterio… Hay quien sugiere que se inició en la India, como Vastu Sastra, la ciencia hindú de la arquitectura. En ese caso, es muy probable que tanto el conocimiento como la ciencia hubieran llegado a través de la Ruta de la Seda a China. La práctica del feng shui floreció bajo la dinastía Tang, cuando el maestro Yang elaboró los textos clásicos que hacen referencia al feng shui, y que se han convertido en la base de la práctica moderna.

Una de las principales contribuciones del feng shui son los trigramas, ocho símbolos de tres líneas que representan la interacción y la tensión continua entre el yin y el yang (femenino y masculino, negativo y positivo respectivamente…). Estos ocho trigramas se combinan para formar los sesenta y cuatro hexagramas (símbolos de seis líneas que representan esta energía siempre cambiante), y que juntos forman la base del i-Ching, o “Libro de las Mutaciones”, cuyo conocimiento resulta esencial para comprender el feng-shui.

La filosofía china afirma que somos capaces de crear, mantener y controlar dos terceras partes de nuestra suerte, y que, además, podemos entender el último tercio como una forma de astrología para predecir los momentos de acción y los de consolidación. Así, tenemos que contamos con la Suerte del Cielo (astrología), la Suerte de la Tierra (el feng shui) y la Suerte de la Humanidad (el libre albedrío). La primera puede compararse con el “sino” o destino de una persona, y puede interpretarse como una forma de astrología. Esta suerte deriva de las fuerzas energéticas generadas por los movimientos y las combinaciones de los planetas y las estrellas que se desplazan por el cielo en el momento en que tiene lugar un nacimiento. Esta influencia de la Suerte del Cielo se prolonga hasta el final de la vida de una persona. Para los chinos no puede alterarse, pero las lecturas astrológicas proporcionan una información muy valiosa que nos permite estar preparados para los cambios de nuestro destino.

La segunda parte de la trinidad es la Suerte de la Tierra, que es la energía que emana del paisaje y del entorno. El feng shui puede cambiar hasta en una tercera parte la fortuna de una persona, atrayendo el qi positivo y reduciendo la potencia del negativo.

Por último, la Suerte de la Humanidad constituye la tercera parte de la trinidad. El libre albedrío y la capacidad de elección nos permiten ser responsables de generar hasta un tercio de nuestra propia fortuna. El modo en que nos percibamos a nosotros mismos y a los demás, al igual que las decisiones que tomemos en consecuencia, forman parte de la trinidad de la suerte.

El hecho de reconocer estos aspectos, y aprender a vivir con ellos en vez de rebelarnos, nos permite utilizar y explotar la energía favorable asociada a las oportunidades de éxito y felicidad. Si somos capaces de identificar el qi negativo y minimizar las posibilidades de que se desarrolle, lograremos reforzar y mantener aquellos puntos donde la energía sea débil. En cuanto sepamos cómo influye sobre nosotros el entorno de nuestro hogar y sus alrededores, aprenderemos a explotar la energía positiva y a dispersar la negativa. Esto nos permitirá sacar el mejor partido de nuestra Suerte de la Tierra, y mejorarla.

¡Muchos besotes!

Fuentes:
http://luzdeandromeda.blogspot.com.es/

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