Todo lo que debes saber sobre como RESPIRAR

INSPIRAR, ESPIRAR

¿Inspirar y espirar son acciones que hacemos constantemente?

En efecto son acciones constantes que sin querer mantenemos en nuestro ritmo respiratorio, sin embargo, ejerce una enorme influencia sobre nuestra salud mental y física. Controlar la respiración es el primer paso para vivir mejo. Aun cuando en pocas ocasiones somos conscientes de ello, respirar resulta vital para nosotros y es algo de lo que, a diferencia de otras cosas, no podemos prescindir.


Quedarnos ahí supone, sin embargo, aprovechar sólo una pequeña parte del enorme potencial que se esconde tras una óptima respiración, y es que respirar bien es una fuente excepcional de salud, tanto física como mental. El problema viene porque respiramos mal. Al ser un acto involuntario, la respiración es también víctima de los vicios que impone el estrés, la falta de ejercicio, las posturas inadecuadas, los ambientes mal ventilados, etc. Inhalaciones de un segundo reposo, hombros que suben al inhalar, bostezos frecuentes… son síntomas claros de la respiración superficial a la que nos hemos acostumbrado.
Para cambiar esa situación y mejorar la calidad de nuestra respiración, debemos ser conscientes de ella, aunque conseguirlo lleva tiempo. En cualquier caso, los grandes beneficios que podemos obtener bien justifican intentarlo.
Además, hemos de tener en cuenta que respirar no cuesta dinero, no requiere que hagamos un hueco dentro de nuestra ya apretada agenda, y no tiene efectos secundarios.

¿Qué hacer para sentirse mejor?

La mejoría que experimenta nuestra salud gracias a una correcta respiración se debe principalmente al hecho de que con ella tiene lugar una mayor oxigenación de nuestro organismo. Las células y los dieferentes órganos reciben una mayor cantidad de oxígeno haciendo que funcionen mejor. Hecho del que se deriva un gran número de beneficios, entre los que se destacan:
Mejora la digestión y asimilación de los alimentos por parte de nuestro cuerpo.
Se metabolizan mejor los residuos del organismo y se favorece así su eliminación.
Favorece el buen funcionamiento del sistema nervioso, incluyendo el cerebro y los nervios.
Activa la circulación, debido al masaje de los movimientos del diafragma durante la respiración profunda.
Mejora la salud de los pulmones y el rendimiento de los deportistas. Rejuvenece la piel, se diminuye la aparición de arrugas faciales, y previene el envejecimiento prematuro.
Una respiración profunda reduce la carga de trabajo del corazón, lo que hace que éste sea más fuerte y eficiente durante más tiempo.

¿Puede ser un antídoto contra la ansiedad?

Aun cuando todos estos beneficios serían más que suficientes para justificar la importancia de una respiración lenta y profunda, su cualidad quizá más conocida sea la de favorecer la relajación y la concentración, así como eliminar la tensión muscular. Los maestros yoghis han desarrollado al máximo esta propiedad y la han convertido en una pieza clave de la meditación, que han acabado adoptando otras terapias orientales. Este poder relajante de la respiración, por otra parte, es una muestra evidente de la estrecha relación que existe entre los procesos mentales, físicos y emocionales; de cómo éstos influyen unos sobre otros y de cómo la respiración interactúa entre ellos.
Entre un 75 y un 95% de nuestra energía celular se obtiene gracias al oxígeno que aporta la respiración.
La respiración lenta y profunda provoca un reflejo del sistema nervioso parasimpático, lo que produce una reducción de latidos del corazón y una relajación de los músculos, que a su vez produce una relajación de la mente. La respiración es, así, una de las mejores herramientas para enfrentarse a situaciones de ansiedad o miedo. De hecho, numerosos expertos mantienen que la ansiedad y la respiración profunda son incompatibles y que jamás pueden darse simultáneamente, así como que los estados de ansiedad van siempre acompañados de respiración alta y superficial hasta llegar a provocar la hiperventilación.

¿Cuál es la respiración perfecta?

Evidentemente es importante la cantidad de aire que tomamos, ya que si no obtenemos suficiente, tampoco tendremos bastante oxígeno para cubrir las necesidades energéticas del cuerpo y pueden verse alteradas algunas funciones celulares.
Aunque menos obvio, también es importante la calidad de nuestra respiración, es decir, el modo en que inspiramos y espiramos; que nuestra respiración diafragmática o torácica, rítmica o irregular… Todas estas variaciones influirán en nuestro estado emocional y provocarán cambios fisiológicos en nuestro cuerpo. Lo ideal es mantener una respiración relajada, armónica y rítmica. Para que sea completa debe integrar en un único movimiento los tres tipos de respiración existentes: la abdominal o diafragmática, la costal o torácica –centrada en la región media de los pulmones- y la clavicular o paradójica, localizada en la zona de la clavículas.
La respiración torácica acostumbra a ser superficial, rápida e irregular; y en el intercambio gaseoso que tiene lugar entre el aire de los pulmones y la sangre resulta insuficiente. Aunque se ha convertido en algo habitual para la mayoría de nosotros, forma parte, en realidad, del denominado síndrome de huida o defensa, que se pone en marcha cuando el organismo es desafiado por tensiones o peligros externos. Dada la relación entre respiración y estado emocional, este tipo de respiración acaba por originar también en nuestra mente tensiones y ansiedad.
Algo similar ocurre con la llamada respiración clavicular, también relacionada con la sorpresa o con un sobresalto repentino y que tampoco resulta demasiado efectiva.
La respiración diafragmática es, de hecho, la mejor, se adapta a un estilo de vida relajado y la más eficiente para el intercambio de oxígeno. En este caso hacemos llegar el aire hasta la parte más baja de nuestros pulmones, aprovechando toda su capacidad y, con ello, logrando un mayor aporte de oxígeno a nuestro organismo. Además, el diafragma, al contraerse, empuja los órganos abdominales hacia abajo y hacia fuera, y ese masaje estimula la circulación.

¿Luego una buena respiración es una fuente de energía?

Junto a todos los beneficios que la respiración profunda puede proporcionarnos, no podemos olvidarnos del importante papel que ésta desempeña como elemento necesario para generar energía. La mayoría de la gente cree que nuestra energía procede principalmente de la comida. Sin embargo, sin el oxígeno aportado por la respiración no es posible obtener la energía proveniente de los nutrientes, ya que el 95% de las reacciones metabólicas son aeróbicas, es decir, precisan oxígeno. Nos preocupamos mucho por las necesidades nutricionales, tomamos complementos de vitaminas y minerales, etc., pero, en cambio, nos olvidamos de que es
necesario respirar correctamente para que nuestro cuerpo pueda metabolizar dichos complementos.
Esta idea ha sido defendida ardientemente por los yoguis, quienes aseguran que, aunque hay muchas variables que influyen en el flujo de energía, la respiración es la que tiene un impacto mayor. El ritmo, la frecuencia, la profundidad… determinan la cantidad de energía que recibe nuestro cuerpo. Está demostrado científicamente que nuestras células se alimentan principalmente de oxígeno puro, más que de nutrientes de los alimentos.

¿Cómo poner en práctica esta respiración?

Alcanzar un dominio total de la respiración requiere tiempo y práctica. Se trata de un proceso gradual para el que es necesario practicar de forma habitual una respiración consciente y realizar ejercicios respiratorios.
Aquí tienes unas pautas muy sencillas que puedes repetir hasta conseguir dicho objetivo. En las primeras ocasiones es posible sentir cierta sensación de mareo que puede deberse a la subida de pH (alcalosis respiratoria) que se produce en nuestra sangre provocada por la hiperventilación que estamos realizando. Si esto ocurre, basta con dejar las prácticas de respiración profunda para otro día.
Como punto de partida hemos de tener en cuenta que para que los pulmones se puedan llenar bien es necesario que antes hayamos realizado una espiración máxima que los vacíe por completo de aire.
Piensa que los expertos en yoga aconsejan dedicar a la espiración el doble de tiempo que a la inspiración. Para lograrlo, puedes practicar el siguiente ejercicio:
1. Inspira contando mentalmente hasta 8, contén la respiración 4 segundos
y espira contando hasta 8. Repite esta pauta hasta que seas capaz de
realizarla de forma natural y entonces para a la siguiente fase.
2. Inspira contando mentalmente hasta 4, contén la respiración 4 segundos
y espira contando hasta 8.
3.Una vez lo domines, repite los dos primeros pasos, y alarga la
espiración, contando hasta 16.
4.Cuando seas capaz de hacerlo sin problemas, mantén los dos primeros
pasos iguales, pero cuenta hasta 32 mientras espiras.
Dado que la respiración diafragmática es la que se asocia a un estado de relax, es conveniente realizar algún ejercicio que la potencie. Más aún teniendo en cuenta que el diafragma suele quedar medio atrofiado por falta de uso. Además, aunque este tipo de respiración es muy sencilla, hay que practicarlo de forma consciente antes de que pueda realizarse de forma automática. Bastará con hacer un ejercicio tan sencillo como tumbarse en superior del tórax.
Tanto éstos como el resto de ejercicios de respiración aumentan la elasticidad de los pulmones y el tórax, y hacen que la capacidad de respiración sea mayor durante todo el día.
Cómo hemos comentado antes, es sabido que el aire es el alimento celular más importante de nuestro organismo, es por eso que hay que procurar conservarlo en buen estado, sin contaminación y como también sabemos eso hoy día en las ciudades es prácticamente imposible de obtener, por ello hay que hacer periódicamente salidas a la naturaleza, es decir, al campo, la montaña, y al mar, donde podemos encontrar aire sin contaminar o muy poco contaminado, y de esa forma tendremos asegurada la mejor nutrición de nuestras células que es el aire puro quien nos la aporta.
Hacer deporte es muy bueno y especialmente coadyuvante para la nutrición respiratoria, pero hay que procurar que donde se haga estos deportes sea en ciudades deportivas que estén situadas al aire libre y al ser posible dentro de la misma naturaleza.
Es demostrado que un aire puro es también uno de los grandes antioxidantes de nuestras células, por lo que tendremos que procurar siempre ese aire lo más puro posible.
Vivir en las grandes ciudades trae ciertas ventajas, pero muchos inconvenientes si nos paramos a pensar que la atmósfera que se respira está totalmente contaminada y ese va a ser el nutriente que nuestras células van a tener como alimento principal; por ello y siempre que se pueda hay que procurar vivir en la naturaleza o cerca de ella, para que esa nutrición oxigenada sea de calidad y no pútrida.
El propio organismo lo exige, por ello, cada vez que tenemos posibilidad estamos deseando hacer una excursión al campo, a la montaña o a la playa, y ello intuitivamente nos lo pide el cuerpo y si nos lo permite nuestra forma de vida lo realizamos intuitivamente.
No olvidemos que dentro de nosotros está nuestro Real Ser que quiere y necesita lo mejor para cada uno de nosotros, y sin que nos demos cuenta nos hace desear lo que necesitamos en cada momento.
Tratemos de vivir más con arreglo a las leyes naturales y observaremos que nuestra salud es mucho mejor por lo que realmente vale la pena hacerlo.

Fuentes:
http://www.icicma.com/
Autor:
Ildefonso Cobo Jiménez

20121117-223827.jpg

loading...

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies
SALUD
SUBSCRIBETE AHORA
RECETAS
CONSEJOS
ALIMENTACION
NOTICIAS SALUDABLES
ECOLOGICA
Y MUCHO MUCHO MAS!!!