LA ABLACION GENITAL

Buenas… este tema me pone de los nervios, pero creo necesario que lo difundamos, por que volver la vista a otro lado, auto convencernos de que nos importa pero no actuar en absoluto, el desconocimiento, el tedio… la venda que cubre nuestros ojos y que permite que todo esto siga pasando. Tenemos que actuar, tenemos que difundir, debemos hacerlo… No es cierto eso de que no podamos hacer nada… Concienciemonos y concienciemos a los que nos rodean.

La ablacion, sufrida por tantas mujeres ( niñas)… Mujeres que sufren en silencio una mutilacion sin sentido..

Difunde lo que es la ablacion y conciencia a las masas…

Como siempre digo…

Mucha gente pequeña en muchos lugares pequeños harán cosas pequeñas que transformarán el mundo.

¿Que es la ablación?

La ablación de clítoris o mutilación genital femenina es la ablación o eliminación de tejido de cualquier parte de los genitales femeninos por razones culturales, religiosas o cualquier otra no medica.

Origen:

Es un ritual de iniciación en origen realizado a las niñas de algunos países de África, Oriente Medio y otros. La costumbre es de procedencia incierta, aunque hay algunas versiones que afirman que comenzó en el antiguo Egipto y a partir de allí se extendió al resto del continente africano. Aunque se localiza sobre todo en la zona centro-africana, esta práctica no se limita al continente africano, pues se sabe que esta práctica también ocurren en varios países de Asia, Europa, Australia e incluso América.

Practicada en muchos casos como rito de iniciación a la edad adulta, actualmente este motivo está disminuyendo debido a la prohibición de su realización en muchos países. En algunos casos se recurre a tradiciones religiosas para argumentar en su favor, pero lo cierto es que este tipo de mutilación está prohibida en el Islam.

La pérdida casi total de sensibilidad es la principal consecuencia para las afectadas, con el añadido trauma psicológico. Hay mujeres que mueren desangradas o por infección en las semanas posteriores a la intervención, ya que se realiza casi siempre de manera rudimentaria, a cargo de curanderas o mujeres mayores, y con herramientas no muy ortodoxas como cristales, cuchillos o cuchillas de afeitar y nunca en centros sanitarios.

A la ablación se le conoce con distintos nombres:

  • Escisión, son expresiones comunes al procedimiento empleado para efectuar la mutilación.
  • Mutilación genital femenina (MGF), que es la expresión oficial utilizada para referirse a esta práctica por la OMS (Organización Mundial de la Salud)

Tipos de ablación

Existen varios tipos de ablación:

  • Amputación del prepucio del clítoris (circuncisión), pudiendo extirparse en parte o en su totalidad el clítoris.
  • Otra forma consiste en la escisión o mutilación total o parcial del prepucio del clítoris y los labios menores, conservando solo los labios mayores.
  • La infibulacion es la forma más agresiva, y consiste en la extirpación del clítoris y labios mayores y menores. Después del acto, hay un cosido de ambos lados de la vulva hasta que esta queda prácticamente cerrada, dejando únicamente una abertura para la sangre menstrual y la orina. La infibulación también se le puede llamar circuncisión faraónica.

Descripción de una Clitoridectomía

El informe de Amnistía Internacional para concienciar de los malos tratos a las mujeres daba la cifra de 110 millones de mujeres clitoridectomizadas, y de dos millones de niñas por año en veinte países diferentes.

Sientan a la niña desnuda, en un taburete bajo, inmovilizada al menos por tres mujeres. Una de ellas le rodea fuertemente el pecho con los brazos; las otras dos la obligan a mantener los muslos separados, para que la vulva quede completamente expuesta. Entonces, la anciana toma la navaja de afeitar y extirpa el clítoris. A continuación viene la infibulación: la anciana practica un corte a lo largo del labio menor y luego elimina, raspando, la carne del interior del labio mayor. La operación se repite al otro lado de la vulva. La niña grita y se retuerce de dolor, pero siguen sujetándola. La anciana enjuga la sangre de la herida y la madre, así como las otras mujeres, “verifica” su trabajo, algunas veces introduciendo los dedos. La cantidad de carne raspada de los labios mayores depende de la habilidad “técnica” de quien opera. La obertura que queda para la orina y el flujo menstrual es minúscula. Luego, la anciana aplica una pasta y asegura la unión de los labios mayores mediante espinas de acacia, que perforan el labio y se clavan en el otro. Coloca tres o cuatro a lo largo de la vulva. Estas espigas se fijan con hilo de coser o crin de caballo. Pero todo esto no basta para asegurar la soldadura de los labios; por eso, a la niña la atan desde la pelvis hasta los pies. Le inmovilizan las piernas y se lleva a cabo.

Práctica ilimitada

Según las estadísticas, la práctica de la ablación afecta en la actualidad alrededor de unas 135 millones de mujeres y niñas en el mundo. Se cree que cada vez se practica a niñas con una edad mucho menor quienes sufren la mutilación para evitar que puedan juzgar la práctica por sí mismas al ser mayores.

EUROPA

El aumento de la inmigración ha llevado esta práctica a Europa. La mutilación genital femenina, en cualquiera de sus modalidades, se encuentra penada por la ley en los principales países de dicho continente con algunas excepciones como Italia o Irlanda. No obstante, aunque existen en algunos países europeos con normativas legales de control sobre el permiso de salida para las niñas en situación de riesgo por este tipo de costumbres, hay denuncias de que medio millón de mujeres y niñas han sufrido la MGF en Europa en los últimos tiempos, incluso en centros sanitarios bajo cuerda.

AFRICA

La embajadora de la Organización de las Naciones Unidas  contra la ablación, la ex modelo somalí Waris Dirie, quien sufrió infibulación a los 5 años, ha conseguido que ésta práctica sea ilegal en algunos países africanos, aunque se siga practicando de hecho. Unicef, en un informe, afirma que esta práctica se puede eliminar en una generación si hay un esfuerzo cultural.

La ablación es una costumbre extendida en una amplia región de África, donde es practicada indistintamente por musulmanes, cristianos, y animistas.

AMERICA

Colombia

Ha despertado gran interés y sorpresa el hecho de que en fechas recientes, se encontraron claras evidencias de que la práctica de la ablación se ha difundido a tribus indígenas de la etnia Embera- chami que habitan en el suroccidente de Colombia. El hecho quedó en evidencia por las denuncias de autoridades a cargo de la defensa de los derechos humanos y la muerte de niñas indígenas por infecciones producto de operaciones quirúrgicas llevadas a cabo en precarias condiciones de asepsia.

Las autoridades indígenas, agremiadas en la Organización Nacional Indígena de Colombia, ONIC, pidieron que no se adelantaran juicios sin conocer las realidades de las costumbres locales y alegaron el derecho de los pueblos indígenas a su autodeterminación. El asunto fue objeto de un profundo debate, pues quienes abogaban por la defensa de los derechos de la mujer, que consideran violados con la mutilación (MGF), insistieron que tal autodeterminación no puede estar por encima de lo dispuesto en la Constitución Nacional de Colombia  norma que prima sobre cualquier otra en el ámbito nacional y en ella se prohíbe claramente este tipo de prácticas.

A continuación os adjunto en este post tan delicado ( pero necesario) una lectura que no os dejara indiferentes

Fragmento de la ANTOLOGIA: PENELOPE: MUJERES QUE ESPERAN, de Tere Marichal Lugo

La ablación

Solo escuché un rugido, seguramente inventé un león. Espero ese momento. Ahora me pierdo y mi madre me encuentra y me convence y quiero memorizar lo que me dice, sus palabras son como viento que arranca piedras de la tierra. Quiero creer en lo que ella repite una y otra vez. Madre teje mi vestido. Tiene los colores de la ceremonia de la oscura cueva donde me encerrarán. El vestido se incendia y se deshace rápidamente, debe ser porque no he dado nada a cambio y ella espera. Quisiera darle mi dedo o mi oreja. Madre ya sabe como es. En esta espera tienes que dar algo a cambio. Pero yo no tengo nada. Yo solo tengo mi carne y tampoco la tengo porque no me pertenezco. Hace calor en este risco desde donde puedo ver la inmensidad vestida de calma. Me siento poderosa porque veo todo chiquitito. Son los poros de la tierra lo que veo más allá. Esta tierra rojiza que respira de forma acelerada, salpicando de polvo la memoria. Una vez más escucho ese rugido que me persigue. Madre aparece con su peinado de reina maltrecha. -Pierdes un trozo de carne y ganas dignidad, dice ella mientras teje en la cima de este risco. Ya hemos pagado un kilo de jabón negro y 5,000 francos; las ceremonias tienen su precio. Todo tiene un precio.

– ¿Cuanto cuesta un rugido? le pregunto pero ella no contesta. Me ignora porque los misterios de la vida se callan para no despertar a los espíritus curiosos. Los buitres vuelan a lo lejos. Esperan, al igual que todos por la carne fresa de mi cuerpo tan flacucho.

Juego entre los baobabs. Me escondo entre ellos. De momento soy una rama. Soy parte del tronco. Soy un camaleón de mirada audaz. Me plantare al revés, como los baobabs. Me convertiré en leyenda. Dejaré que la tejedora viva en mí. Seré miembro de los Kikuyu y exhibiré mis collares y brazaletes como los Samburu, seré una Masai y moriré de pena si me encierran para siempre. Pero soy camaleón trepando este baobab que me abraza y me protege de las hienas que acechan. Mis antepasados pasan corriendo con sus escudos y lanzas.

¿Cuanto cuesta un rugido? le pregunto pero ella no contesta. Me ignora porque los misterios de la vida se callan para no despertar a los espíritus curiosos.

Pierdo la piel y el sentido y gano la estima de toda la familia. Pierdo no más que carne y podré ser seleccionada entre otras y no más miseria y tal vez no más llanto. Entonces pierdo la carne. Perder carne no significa nada. Es solo una parte de mi cuerpo que siempre ha estado esperando. No la puedes ver, así que olvídala. Veo sangre por todas partes, pero no importa. Ya estoy convencida. El día de mi boda, mi madre desplegará una sabana bañada en sangre y todos sabrán que me he casado virgen. El honor salpicara la lengua de mi padre y nadie podrá dedicarse a darle cuerda suelta a comentarios que puedan avergonzar a mi marido. Caminará erguido con la frente en alto como guerrero invencible. Nunca tendrá sed. Pariré los hijos que desee y el honor estará sembrado sobre mi pecho con sus raíces fuertes y anchas, como mis tatuajes.

Me detengo, hay fango a mí alrededor, comienzo a sumergirme en él como si fuera un lago majestuoso esperando para convertirme en sirena, pero madre aparece y nuevamente me susurra en el oído. Me convenzo: solo pierdo un trozo de carne y gano el honor. Mi madre grita con furia: ¡castidad! Y comienza una danza frenética que nunca antes había visto. Está poseída por uno de mis antepasados que reclama honor. Ahora Madre es casi una diosa. Madre tiene dos vidas, dos conciencias, dos memorias, dos personalidades que transitan bailando violentamente, arrasando todo a su paso. Sólo un rugido, eso fue lo que escuché. Me escondo detrás de una máscara y me convierto en una Bambudya. Soy invisible. Me concentro. Ella me huele y a pesar de que no me ve, me toma de la mano y mueve sus labios carnosos y la escucho porque he aprendido a guardar silencio. Soy un pedazo de carne sobre la mesa. Carne roja que se desangra. Vuelan las moscas y me rodean como si yo fuera un panal único, dulce, exquisito.

– Te ofrezco este pedazo de mi carne. La más sagrada. La que nadie más verá. Esa carne de olores intensos y oscuros susurros incoherentes que pueden enloquecerte, lo digo mirándolo a los ojos y el me lame los pies como si fuera un cachorro amoroso. Soy su reina intacta. Reina de cuarzo y diamante. En mis cuevas profundas de ríos cristalinos que sacian la sed del que busca. En mi la larga espera del pesado sueño empapado en agua de mar y escamas de pez dorado.

El rugido interrumpe el deseo y mi madre espanta el temor con aquella raíz larga y poderosa que guarda como trofeo de guerra.

Sólo un trozo de carne. Todos esperan. Todos sabrán que nadie ha penetrado en mis sueños más intensos y podrán ofrecerle a mi padre vacas, lana y collares de cuentas y mi cuerpo costará más que este fino pedazo de carne que se abre como flor cuando mi cuerpo me pide cantazos de luna roja. Es solo carne. Eso es, seré como las demás. Como debe ser. Atemorizaré a todos con mi mirada protegida por la oración y el honor. Tendré buen juicio, lo juro. Todo a cambio de este pedazo de mi cuerpo y llegará el filoso cuchillo de esa mujer anciana que ya sabe cuando es hora de parir. Seré la más fértil. Pariré todos los años y mi familia será la mas fuerte y digna.

– Déjame darte la carne fresca que arrancaron de mi cuerpo, anda sáciate con ella, le digo porque así lo escuché. Embárrate las manos con mi sangre y déjame saber que no tiene mancha alguna. Camino entre las garzas. Soy un leopardo que espera, un manto de arena donde te acuestas sin temor y que seduce tu piel, la luna hinchada empapada en miel, una naranja jugosa que saciará tu sed.

Me enloquece ese rugido, dime de dónde viene. Seré dedicada, jamás me quejaré. Es mi madre la que me aleja, pero ese rugido salvaje me persigue. Acecha, está esperando. Ambos esperamos. He aquí mi carne, sin mancha alguna. Huélela, saboréala. Es carne fresca para el sacrificio. Llévame a lo alto de la montaña y déjame caer. Deja que mi cuerpo vaya cayendo y mi piel vaya pintando esa montaña de piedra y tiempo con esta sangre que parece culebra danzarina. Mi madre me levanta y me carga en brazos y va rezando. Entona ese cántico que parece lluvia rabiosa.

Madre dice que podré caminar mirando a todos con orgullo. Eso es, un trozo de carne a cambio de…

– Si yo fuera de sal, también seria inalcanzable. Todo mi ser desperdigado y sin ataduras. No me podrían atar. Me disolvería una y otra vez. Mi tatarabuela me regala los huesos de sus dedos para que me sirvan de amuleto. Ya estoy protegida.

Es temprano y ya los ancianos del clan han seleccionado a mi madrina. No seré la única y me morderé los labios hasta sangrar para no gritar. Eso es, dejare el miedo aquí acostado. Entre estas cuentas de cristal y mi sueño pesado. ¿En qué espacio del cuerpo habitara el miedo? ¿en que espacio se esconderá? si lo supiera me lo arrancaría antes que llegue el amanecer. ¿Donde se esconderán la tristeza y el dolor? En algún rincón de esta piel que suda y brilla como piel de pantera cautiva…

Madre dice que podré caminar mirando a todos con orgullo. Eso es, un trozo de carne a cambio de…en ese momento despertó. Comenzaba a correr y un grupo de cazadores la perseguía, por eso despertó. No había amanecido, pero escuchaba el sonido de los tarros de barro y la voz de su madre. Recordó ese rugido que se sueña cuando hay luna llena. Solo eso recordaba.

Este día hay silencio en la casa de barro y paja. Este día de sol que ruge y todos esperan.

Madre sabía que ya había despertado. Ella huele miradas y silencios. Nuevamente comenzó a susurrarme en el oído aquellas oraciones que parecían olas rabiosas, entrando por mis tímpanos y limpiando todo lo que pudiera confundir.

-Tienes que querer creer. ¿Entiendes? Te muerdes los labios y te aguantas los gritos. Gritar denota cobardía y no permitiré que nos avergüences. Yo también lo hice a los doce años, me dice ella agarrando con fuerza mis delgados brazos. Madre era más joven que yo, por eso se volvió tan poderosa.

-En la espera las mujeres nos volvemos poderosas, porque vamos tejiendo en silencio y armando nuestros tapices, decía ella mientras me miraba intensamente regalándome su sabiduría.

Luciré un vestido nuevo que se manchará. Caminaré descalza y no sentiré frío. Cerraré los ojos como lo hizo madre. Hemos esperado demasiado tiempo, pero demasiado tiempo es como ese rugido que no se marcha nunca. Respiras con fuerza. Te tiemblan las piernas. Sabes todo y no sabes nada. Tus músculos se tensan. Quieres llorar, tal vez otras lo hagan, pero tu no. Tu estirpe es de mujeres que saben callar y doblarse y que esperan todo el tiempo que sea necesario. Que deshacen y nuevamente comienzan. Que cargan y buscan porque alguien lo tiene que hacer. Muérdete los labios.

Masticas la nuez de cola. Te atan con fuerza. Te abren las piernas y viene la vieja matrona, la que sabe cortar la cantidad exacta de carne que tienes que dar a cambio y con el filoso cuchillo o con un trozo de vidrio te deja la marca y te cose y te cose y sangras, pero no gritas, porque solo escuchas el rugido. En ese momento estás lejos, corriendo con la gacela, huyendo de los cazadores. Todos observan, hay que estar bien seguros que se cierra con fuerza ese pasadizo que nació abierto y te lleva a los arrecifes donde se esconden las sirenas de la noche y la obsesión.

Ya no estas aquí. Te llevan en brazos. Tu cuerpo parece un pedazo de tela liviana como la seda. Un día, luego de esta espera cubierta de caparazones vendrá ese hombre guerrero y ofrecerá vacas, vasijas y tal vez algunas cabras y romperá tus hilos. Nuevamente la sangre será tu perfume y solo escucharas ese rugido, que no se separa de ti.

Es sólo un trozo de carne. Sólo eso tienes que dar a cambio. Ahora siéntate a esperar. Ve tejiendo el vestido de tu hija. Ve memorizando todo lo que tendrás que decirle para que defienda su honor. Será Intocable como tú. Como tu madre y tu abuela. Como todas las mujeres de tu aldea que dieron a cambio solo un trozo de carne insignificante. Tejedoras incansables que transitan por la vida conociendo lo que es el dolor constante, ese que llega a enloquecer, porque lo cargas tú sola, donde nadie más lo puede ver. Ese que late y late y no se detiene. Ese que te quieres arrancar porque te debilita y de momento sabes que solo muriéndote podrás sacártelo de encima.

Es sólo un trozo de carne. Sólo eso tienes que dar a cambio. Ahora siéntate a esperar. Ve tejiendo el vestido de tu hija. Ve memorizando todo lo que tendrás que decirle para que defienda su honor.

No pudo caminar durante mucho tiempo. El silencio se sienta a su lado. Tal vez está olvidando. Su mirada es de miel que va creciendo en panal. No permite que su madre se le acerque. Se la pasa atando nudos y los vuelve a deshacer. Dicen que esta esperando un guerrero poderoso que le regale escudos y una piel de león. Bodowissi la acompaña, sueña que es una araña que habita en un lejano baobab.

Njongal Jigeen, Njongal Jigeen…el viento susurra sin cesar, llevando historias de una aldea a otra. Njongal Jigeen, es la ceremonia que defiende la pureza y el honor de nosotras las mujeres que tenemos que dar nuestra carne a cambio de…

Así es como ha sido siempre en esta espera de nudos atados que nos amarran los deseos en la noche de la luna oscura, donde solo escuchas el rugido, allí bien escondido…tal vez en ese lugar donde quisieras estar.

– Todo es tan sencillo, sólo tienes que dar a cambio un trozo de carne, dejarte atar para siempre y saber esperar. Nuestra estirpe es de mujeres puras. No tenemos mancha alguna y nuestras hijas son como nosotras: Intocables.

Las mujeres cuchicheaban entre ellas, mientras las niñas escuchaban atentamente, porque así se aprende rápido. De vez en cuando una carcajada.

Aquella tierra codiciada por todos, llena de estrías, levantaba su velo polvoriento de reina deshecha. Sobre su cuerpo la sangre virgen se mezclaba, dejando manchas profundas sobre los diminutos poros de su enorme extensión de piel mil veces intercambiada por marfil, esclavos, sal, oro, vasijas, pieles o tambores.

¿Dime madre, cuanto cuesta el rugido de un león?, contéstame. Contéstame madre, ¿cuanto cuesta? ¿Cuantos hilos tengo que darle a cambio? Contéstame.

Un kilo de jabón negro y cinco mil francos, contestaba ella mecánicamente, mientras tejía el vestido de la ceremonia.

El rugido se iba apagando como el sol cuando cae la noche.

BAMBUDYA : Miembros de una sociedad secreta. Eran para los reyes Luba los conservadores y los recitadores del saber histórico.
BODOWISSI: Diosa de la naturaleza

Fuentes:

http://www.sabiduriaaplicada.com/

http://www.wikipedia.com/

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